Cambiar prácticas, un llamado urgente para salvar la Amazonia

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El deterioro ambiental de la Amazonia no es una cuestión de ahora. Sin embargo, recientemente el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUD),  a través de su oficina regional para América Latina, lanzó la siguiente advertencia:

“Si no se cambian las prácticas, la mitad del bosque húmedo amazónico podría estar deforestado en 2030 y probablemente gran parte de la Amazonía se convertirá en una gran sabana antes de que concluya el siglo XXI”.

La mano del hombre ha tenido un papel clave en este proceso adverso de deforestación y así lo dejó manifiesto un informe de ONU Ambiente y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica, OTCA, Perspectivas del medio Ambiente en la Amazonía: Geo Amazonía.

“Trabajos mineros, derrames de hidrocarburos, uso de agroquímicos, desechos sólidos de las ciudades y la demanda internacional de recursos naturales como madera, hidrocarburos y minerales, también juegan su parte en el daño ambiental en la Amazonia”, indica PNUD.

Si bien desde el año 2014 está en marcha el proyecto para darle protección a las diversas áreas del bosque tropical para conservar la biodiversidad y los ecosistemas,  hace falta mayor concientización.

También es cierto que, más allá del deterioro ambiental de los últimos años por diversas explotaciones tanto mineras, como agrícolas y ganaderas,  este órgano vital para el planeta –considerado el pulmón del mundo- presenta grandes signos de enfermedad debido a los efectos del cambio climático.

De momento, como dato alentador que establece PNUD, actualmente, el 47% del bioma amazónico se encuentra bajo alguna figura de protección. “ONU Ambiente, junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, el World Wildlife Fund, WWF, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN, y Redparques, están desarrollando el proyecto Visión Amazónica, Integración de las Áreas Protegidas del Bioma Amazónico, IAPA”, expresa PNUD.

Este proyecto implica una fuerte inversión y “pretende crear una red de áreas protegidas de la Amazonía con la que se pueda aumentar la resiliencia de los ecosistemas ante los efectos del cambio climático”.

Pero también mantener “la provisión de bienes y servicios que benefician a la biodiversidad, las comunidades y las economías locales”.

En la Amazonia habitan más de 33 millones de personas, dispersas en más de 300 comunidades indígenas con diversas lenguas y dialectos. Este  bosque tropical, el más extenso del mundo, está integrado por varios países de América Latina como Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana, Guyana Francesa, Venezuela y Suriname.

Es por todo ello que se transforma en un tema urgente, pues de la conservación de este bosque depende también el futuro de millones de personas.

En las manos del hombre aún está la gran oportunidad –de alguna manera el impulso de esas acciones sobre áreas protegidas para la conservación van en ese sentido- de empezar a dar vuelta la historia con el cambio urgente de prácticas devastadoras, tal cual lo deja entrever el Papa Francisco en su encíclica Laudato Sí, donde reflexiona sobre todas las cuestiones de la “casa común” y la responsabilidad humana implícita para el futuro del planeta Tierra.

Artículo elaborado en base a la información del PNUD

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