Familia mi primer comunidad y mi primer llamado de Dios.

La experiencia nos muestra que la formación de una comunidad de amor y esperanza, nace verdaderamente al interior de la familia primaria, es allí donde se construirá las competencias para disfrutar de la vida de comunidad con otros hermanos, identificándola como un regalo de Dios y no como una obligatoriedad que busca salvaguardar nuestra existencia; es importante que la familia reflexione de manera particular las exigencias del llamado a formar parte de una comunidad mayor en la cual se ven puestas a prueba todas nuestra virtudes y expuesto a nuestros hermanos de manera real nuestros defectos, faltas de carácter,  disciplina obediencia , trabajo en equipo y capacidad de compartir con el otro nuestros bienes materiales; se requiere que los padres de familia, líderes de este segundo llamado

divino se comprometan a realizar las tareas de formación necesarias para que al ser insertada la familia a la comunidad general tengamos como resultado un complemento armónico y constructivo.

Contesta estas preguntas de manera sincera y en unidad de familia con los hijos que estén en capacidad comprender el tema.

  

¿La intención de pertenecer a una comunidad de amor nace del corazón de papá y mamá? o solo de uno?

¿Cuál es el motivo real que me impulsa y mueve a realizar esfuerzos de pertenecer a una comunidad de amor?

¿Hemos hablado y socializado el tema con nuestros hijos, especialmente con aquellos que su edad les concede ciertas libertades y marcaran una opinión de relevancia?

Comprendemos que un llamado como estos exigirá a nuestras vidas necesariamente unos cambios como:

 

  • Comprendo que estos proyectos son de orden divino y que por lo tanto me exigirán vivir de acuerdo a la vida cristiana, la fe, el abandono en la providencia, el darme por el otro, antes que buscar mi
  • ¿Al reconocer que hemos sido llamados por Dios a formar parte de una comunidad cristiana de amor, estoy dispuesto a formarme espiritualmente y a cumplir con los tiempos de oración estipulados y de trabajo según las necesidades de la misma?
  • ¿Reconozco que mi deber espiritual es mantener la unidad de la comunidad en torno a la espiritualidad que ella profesa sin dar motivo a desorientar con otras espiritualidades que, aunque provechosas y divinas, generen un espíritu de división al interior de la misma?
  • ¿Sin importar mi condición económica, intelectual, profesional estoy dispuesto a obedecer las orientaciones del director espiritual (Sacerdote), del director de la comunidad (Laico comprometido) y concejo general de la misma?
  • ¿Soy consciente que al hacer parte de la comunidad mi familia empezara a vivir y hacer formada en un espíritu de unidad y no de individualidad, donde muchas veces nuestro ego, orgullo, soberbia, sentimientos de superioridad serán puestos a prueba?
  • ¿Soy consciente que solo en esta realidad de vida en comunidad se reflejaran los defectos de mi familia, tal vez en especial los de mis hijos, generando incomodidad para otros y experimentando la impotencia de mis propias equivocaciones en la formación de ellos?
  • ¿Estamos dispuestos a Realizar entrega generosa de nuestro tiempo, esfuerzo físico, intelectual y económico, por el bienestar de la comunidad?
  • ¿Soy consciente que debo realizar un desprendimiento de muchas de las actividades de mi vida social y de la de mi familia que habitualmente se realizaban?
  • Aunque esta lista parece interminable y lo más seguro frente a muchas de las preguntas nos sentimos impotentes y consideramos que es mejor ni siquiera seguir pensando en la idea de pertenecer a una comunidad de amor, recordemos que Dios da su gracias a quienes se lo piden y perseveran en la fe, por lo tanto solo necesitamos disponernos y saber cuan serio y exigente es el reino de Dios

 

“Quien quiera venir en pos de mi niéguese a sí mismo Tome su cruz y sígame”