Los 8 virus que destruyen la tierra según Papa Francisco

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1) Contaminación atmosférica y desechos

La exposición a los contaminantes atmosféricos, explica el papa, “produce un amplio espectro de efectos sobre la salud, en particular de los más pobres, y provocan millones de muertes prematuras. Hay quien se enferma, a causa de inhalaciones de elevadas cantidades de humo producido por los combustibles utilizados para cocinar o para calentarse”.

A esto se añade “la contaminación que afecta a todos, causada por el transporte, el humo de la industria, por el vertido de sustancias que contribuyen a la acidificación del suelo y del agua, por fertilizantes, insecticidas, fungicidas, herbicidas y pesticidas tóxicos en general”.

Hay que tener en cuenta, prosigue el Santo Padre, también la contaminación producida por la basura, incluyendo los vertidos peligrosos. “Se producen centenares de millones de basuras al año, muchos de los cuales no biodegradables: desechos domésticos y comerciales, detritos de demoliciones, desechos sanitarios, electrónicos o industriales, basura altamente tóxica y radioactiva”.

2) Cultura del descarte

Estos problemas están “íntimamente ligados” a la llamada “cultura del descarte”, que, subraya el pontífice, “afecta mucho a los seres humanos excluidos en cuanto las cosas se transforman rápidamente en basura”.

Baste pensar, por ejemplo, que la mayor parte del papel que se produce es desechado y no se recicla. “Igualmente, el sistema industrial, al final del ciclo de producción y de consumo, no ha desarrollado la capacidad de absorber y reutilizar desechos y escorias”.

3) Calentamiento global

El calentamiento, conectado con el aumento de la contaminación, es una de las plagas más graves y tiene efectos en el ciclo de carbono. “Crea un círculo vicioso – denuncia Bergoglio – que agrava aún más la situación y que incidirá en la disponibilidad de recursos esenciales, como el agua potable, la energía y la producción agrícola de las zonas más cálidas”.

El derretimiento de los cascos polares y glaciares amenaza con la peligrosa liberación de gas metano, y la descomposición de la materia orgánica congelada “podría acentuar la emisión de dióxido de carbono. A su vez, la pérdida de selvas tropicales empeora las cosas, pues estas ayudan a mitigar el cambio climático. La contaminación producida por el dióxido de carbono – añade – aumenta la acidez de los océanos y compromete la cadena alimentaria marina”.

4) Falta de agua

La disponibilidad de agua, observa el papa Francisco, era relativamente constante durante largo tiempo, “pero ahora en muchos lugares la demanda supera la oferta sostenible, con graves consecuencias a breve y largo plazo. La escasez de agua pública se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable segura, o padecen sequías que hacen difícil la producción de alimento”.

Un problema particularmente serio es también “la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes al día. Entre los pobres son frecuentes las enfermedades ligadas al agua, causadas por microorganismos y sustancias químicas”.

En realidad, el acceso al agua potable y segura “es un derecho humano esencial, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas, y por esto es condición para el ejercicio de los demás derechos. Este mundo tiene una grave deuda social hacia los pobres sin acceso al agua potable, porque eso significa negarles el derecho a la vida arraigado en su inalienable dignidad”.

5) Pérdida de biodiversidad

Cuando se analiza el impacto ambiental de alguna iniciativa económica, nota el Papa, se suelen considerar los efectos en el suelo, el agua, el aire, pero “no siempre se incluye un estudio atento del impacto sobre la biodiversidad, como si la pérdida de algunas especies o de grupos animales o vegetales fuese algo poco relevante. Las carreteras, los nuevos cultivos, las vallas, los depósitos hídricos y otras construcciones, van apoderándose de los habitats y a veces los fragmentan de modo que las poblaciones animales ya no pueden migrar ni desplazarse libremente, con lo que algunas especies corren riesgo de extinguirse”.

El cuidado de los ecosistemas requiere una mirada que va más allá del presente, “porque cuando se busca solo un provecho económico rápido y fácil – advierte el Papa – a nadie le interesa de verdad su preservación. Pero el coste de los daños provocados por el descuido egoísta es mucho más elevado que el beneficio económico que se puede obtener. En el caso de la pérdida o del serio daño de algunas especies, estamos hablando de valores que superan todo cálculo”.

6) Deterioro de la calidad de la vida humana

Entre los componentes sociales del cambio global, añade Bergoglio, “se incluyen los efectos sobre el trabajo de algunas innovaciones tecnológicas, la exclusión social, la desigualdad en la disponibilidad y el consumo de energía y de otros servicios, la fragmentación social, el aumento de la violencia y el auge de nuevas formas de agresividad social, el narcotráfico y el consumo creciente de drogas entre los más jóvenes, la pérdida de identidad”.

Son signos, entre otros, “que muestran cómo el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida. Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social, de una silenciosa ruptura de los vínculos de integración y de comunión social”.

7) La desigualdad planetaria

Hoy, observa el papa Francisco, no podemos dejar de reconocer que “una verdadera mirada ecológica es cada vez más una mirada social que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el grito de la tierra como el grito de los pobres”.

La desigualdad, dice el Papa, “no afecta sólo a los individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Hay en verdad una verdadera ‘deuda ecológica’, sobre todo entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales, con consecuencias en el ámbito ecológico, como también al uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países”.

8) Los intereses de los grupos económicos

La sumisión de la política a la tecnología y a las finanzas se demuestra en el “fracaso” de las Cumbres mundiales sobre el clima. “Hay demasiados intereses particulares – concluye el papa – y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para  no ver afectados sus proyectos”.

En esta línea, Bergoglio recuerda el Documento de Aparecida, en el cual se dijo explícitamente que las intervenciones sobre los recursos naturales no deben prevalecer sobre los intereses de grupos económicos que destruyen irracionalmente las fuentes de vida. “La alianza entre economía y tecnología – dice el Papa – acaba por dejar fuera todo lo que no forma parte de sus intereses inmediatos”.

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