RAE
 
Tipo de Documento:  MONOGRAFÍA  DE  GRADO  PARA  OBTENER  EL  TÍTULO DE LICENCIADO EN TEOLOGÍA
Título: LA ECOLOGÍA EN UNA PERSPECTIVA TEOLÓGICO FRANCISCANA.
«Aportes de la Teología franciscana al problema actual de la ecología» Autores: JOSÉ MANUEL ORTEGA LÓPEZ y EDUIN DAVID SILVA VARGAS Fecha: BOGOTÁ, UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA. 6 DE JULIO DE 2006.
Palabras Claves: Ecología, Ecología humana, ecología social, ecología de la liberación, Bioética ambiental, Ecofeminismo, Ecopolítica, Ecoética, Ecociencia, Medio ambiente, Naturaleza, Dios Creador, Franciscanismo, cristología franciscana.
Descripción del trabajo: Esta investigación plantea las líneas fundamentales de la teología franciscana de cara a la problemática ecológica actual. Desde la ubicación de los problemas medioambientales, para hacerlo lugar teológico; y los fundamentos teológicos de la escuela franciscana, se presenta los planteamientos teológicos del franciscanismo y luego presentar las principales líneas teológicas para la preservación y salvaguarda de la creación.
Línea de investigación: Pensamiento franciscano y pensamiento posmoderno.
Fuentes consultas: AA.VV. Teología de la Ecología. Bogotá: San Pablo, 1995. BOFF, Leonardo. Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres. Trotta. 2ª ed. Valladolid, 1997;
               . La dignidad de la tierra. Madrid: Editorial Trotta S.A., 2000; BRADLEY, Ian. Dios es Verde. Cristianismo y medio ambiente. Santander: Sal terrae, 1993; DIAZ, Carlos. Ecología y pobreza en san Francisco de Asís. Madrid: Aranzazu. 1988; MARINO, José Antonio. Manual de teología franciscana. Madrid: BAC, 2003; MOLTMANN, Jürgen. Dios en la creación. Doctrina ecológica de la creación. Salamanca: Sígueme, 1987; RUIZ DE LA PEÑA, Juan L. Teología de la creación. 5ª ed. Santander: Sal Terrae, 1988. MOSER, Antonio. La ecología en perspectiva teológico-franciscana. En: Cuadernillos franciscanos. Cepefal. Nº 99 (Jul-Sep 1992): p. 143-155
Contenido: Teología de la ecología, Fundamentos teológicos del franciscanismo y Directrices fundamentales del franciscanismo frente al tema de la ecología.
Metodología: Estudio descriptivo de la ecología, del pensamiento teológico franciscano y síntesis de la ecología franciscana.
 
LA ECOLOGIA EN UNA PERSPECTIVA TEOLÓGICO FRANCISCANA
 
 
 
 
 
 
 
«Aportes de la teología franciscana a la reflexión actual de la ecología»
 
 
 
 
 
José Manuel Ortega López Eduin David Silva Vargas
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA FACULTAD DE TEOLOGIA
BOGOTÁ 2006
 
 
 
 
 
 
LA ECOLOGIA EN UNA PERSPECTIVA TEOLÓGICO FRANCISCANA
 
 
 
 
 
 
«Aportes de la teología franciscana a la reflexión actual de la ecología»
 
 
 
 
 
 
José Manuel Ortega López OFM Eduin David Silva Vargas
 
 
 
 
Trabajo monográfico para obtener el título de Licenciado en Teología
 
 
 
Director
Fray Francisco Lotero Matiz OFM Especialista en Espiritualidad franciscana
 
 
 
UNIVERSIDAD DE SAN BUENAVENTURA FACULTAD DE TEOLOGIA
BOGOTÁ 2006
 
 
 
AGRADECIMIENTOS
 
 
A Dios, por darnos la creación como escenario de encuentro con todos los hermanos.
Damos infinitas gracias por su apoyo a nuestro director Fray Francisco Lotero ofm, por su paciencia colaboración.
De manera especial agradecemos a Fray José Alirio Urbina Rodríguez ofm, por su ayuda incondicional y por facilitarnos los materiales tecnológicos que se utilizaron para la culminación de esta investigación.
CONTENIDO
 
RAE
INTRODUCCIÓN
10
11
1. DEFINICIÓN Y FORMULACIÓN DEL PROBLEMA
1.1. La situación ecológica en la reflexión teológica
11
franciscana de la universidad de San Buenaventura, sede Bogotá.
1.2. Formulación de la cuestión ecológica en un marco teológico.
12
2. JUSTUCIFACIÓN
14
3. OBJETIVOS
16
3.1. Objetivo General
16
3.2. Objetivos Específicos
16
4. MARCO TEOLÓGICO
17
4.1. Teología de la Ecología
17
4.1.1. Ecología: origen de una ciencia
18
4.1.2. Dimensiones de los problemas
19
4.1.2.1. La dimensión del desastre
19
4.1.2.1.1. La contaminación
20
4.1.2.1.2. La sobrepoblación
20
4.1.2.1.1.3. La extinción de los recursos
21
4.1.2.1.1.4. La carrera armamentista
21
4.1.3. Antecedentes del lugar teológico
22
 
4.1.4. Tendencias ecológicas actuales
24
4.1.4.1. Ecología humana
24
4.1.4.2. Ecofeminismo
25
4.1.4.3. Ecología social
26
4.1.4.4. Ecología urbana
27
4.1.4.5. Bioética ambiental
29
4.1.4.6. Ecología de la liberación
30
4.1.5. Movimiento s ambientalistas
32
4.1.5.1. Green Peace (Paz Verde)
32
4.1.5.2. C. O. D. A.
33
4.1.5.3. F.A.T.
33
4.1.5.4. W. W. F.
33
4.1.5.5. AEDENAT
33
4.2. FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL FRANCISCANISMO
35
4.2.1. La experiencia de Dios, y del mundo en el franciscanismo
35
4.2.1.1. Dios en San Francisco de Asís
37
4.2.1.2. Teología Franciscana de la Creación
40
4.2.2. Cristología Franciscana
43
4.2.2.1. El Verbo como mediador de la Creación
45
4.2.2.1.1. La visión histórica de Jesús
46
4.2.2.1.2. Cristo en el centro y culmen de la creación
46
 
4.2.3. Moral Franciscana
47
4.3.      DIRECTRICES      TEOLÓGICAS      DE      LA       ECOLOGÍA FRANCISCANA
52
4.3.1. San Francisco de Asís y la Ecología
52
4.3.2. La cosmovisión franciscana de las criaturas
55
4.3.3. La cristificación del universo
58
4.3.4. La tarea franciscana de la ecología
59
4.3.4.1. Eco-política franciscana
60
4.3.4.2. Eco-ciencia franciscana
61
4.3.4.3. Eco-ética franciscana
62
5. METODOLOGÍA DEL TRABAJO
64
5.1. línea de investigación
64
5.2. Tipo de investigación
64
5.3. Proceso seguido en la investigación
64
6. CONCLUSIONES
66
BIBLIOGRAFÍA
70
 
INTROCUCCIÓN
 
 
Tras el auge de la ecología en los últimos tiempos, se han presentados tantas corrientes de pensamiento que defienden y protegen los bienes naturales con saludables propósitos. Sin embargo, la teología hace llamados de muchas y tan variadas formas que es bueno tener en cuenta a la escuela franciscana, no sólo por ser san Francisco de Asís patrono de los ecologistas, sino por presentar un discurso y una praxis sin igual alrededor de este tema.
Los antecedentes del tema de la Ecología en el campo de la Teología son muy pocos, pero los que existen detallan claramente la forma desnaturalizada y egoísta de la relación del hombre con la creación. Esta situación es ya un llamado a clarificar las perspectivas concretas de lo que pensamos y hacemos con el medio natural.
Ahora, ya que la ecología es tema de ineludible transversalidad, y lugar teológico, por excelencia en los últimos años, pero para la escuela franciscana lo es de mayor relevancia, puesto que lleva un objetivo claro desde sus inicios : salvaguardar y hermanarse con la creación.
Por esto, la presente investigación mostrará: en su primer capitulo la situación de  la reflexión teológica en la Facultad de Teología de la Universidad de San Buenaventura;  en  su segundo capitulo justificará la necesidad de  abrir el espacio a la reflexión ecológica  desde la  Teología; y planteará  en su tercer capitulo los objetivos que guiaran el camino de la investigación.
El cuarto capítulo presentará el marco conceptual teológico fundamental dividido en tres partes: la primera mostrará la teología de la ecología; en su segunda parte los fundamentos teológicos del Franciscanismo y por último las directrices teológicas de la escuela franciscana y su aporte a la reflexión de la ecología.
 
En el quinto capitulo del presente trabajo monográfico se hallará todo el  campo  y  el proceso metodológico de la investigación. En la sexta parte se encuentra detallada la propuesta de la investigación junto a los hallazgos y recomendaciones.
1.  DEFINICIÓN Y FORMULACIÓN DEL PROBLEMA
 
 
  • La situación ecológica en la reflexión teológica franciscana de la universidad de San Buenaventura, sede Bogotá.
 
El mundo contemporáneo ha desarrollado espacios inteligentes para la reflexión y la producción del conocimiento en una forma mas integral. La universidad es uno de esos ambientes donde la cultura de la inteligencias quiere ofrecer al hombre de hoy la fuerza transformadora frente a las situaciones que lo aquejan, partiendo siempre del principio de mejorar la calidad de vida y el estado de la supervivencia en las más integrales condiciones.
A esto no ha escapado la universidad católica, que, en busca de la verdad al servicio de los hombre, ha generado un movimiento de educación integral para sus estudiantes. La universidad de San Buenaventura, en su facultad de Teología tiene el propósito de generar   el espacio adecuado para que su formación sea actualizada, vanguardista en reflexión, creatividad y pedagogía, pero sobre todo integral, humano y científico; es así que “bajo la actividad creadora, el análisis serio y objetivo de la realidad; el rigor científico y el valor intrínseco de la ciencia y de la investigación; el examen crítico de los conocimientos y la aplicación de los mismos al desarrollo de la comunidad, impacta su potencial inteligente en la concreción de nuevas propuestas de construcción humana y fraterna del conocimiento”1
La dimensión franciscana de la USB, le hace instrumento (que bajo la guía y la Luz del Evangelio, y la fidelidad a la iglesia) de mediación que “proclama la fraternidad universal   de la criaturas y la reverencia por la creación, a través de diversas actividades, educando siempre en el amor por la vida, por la paz por la libertad, por el servicio a los demás y la protección y preservación del medio ambiente.” 2
1 Proyecto Educativo institucional. Universidad de San Buenaventura. p. 66
  • Esta sigla hace referencia directa a: Universidad de San Buenaventura
2 Ibíd., p 67
Por todo esto, la facultad de teología de la USB, sede Bogotá, esta desarrollando espacios   de reflexión, análisis y propuestas para el fomento de conocimiento. Sin embargo, la  cuestión actual de la ecología, los problemas cotidianos medioambientales no son preocupación de esta facultad, ya que este campo de acción social no está  siendo instrumento de análisis y de formación para el teólogo bonaventuriano.
Ante la situación de amenaza que padece el mundo natural, ¿cómo ver la acción de los teólogos? ¿Cuál es la participación de la teología franciscana en el debate ecológico mundial?, sin embargo el presente trabajo monográfico se detiene sobre todo a describir las distintas reflexiones de las corrientes ecológicas, y sus diferencias con la propuesta  emergida desde la teología franciscana.
La facultad de teología no ha desarrollado un espacio formativo explicito para señalar las directrices fundamentales de la teología franciscana frente a  los  cuestionamientos ecológicos y medioambientales que vive el mundo contemporáneo. Por ello el presente trabajo desea presentar los distintos aportes que desde la teología de la escuela franciscana  se hacen de cara a la ecología actual y con ello generar una conciencia más clara de formación integral para el teólogo bonaventuriano, deseando siempre la proyección del conocimiento y del compromiso de la universidad con la justicia, la paz y la reverencia por  la creación.
1.2.  Formulación de la cuestión ecológica en un marco teológico.
 
 
Son muchos los interrogantes que se podrían plantear frente al tema de la Ecología, pero en realidad lo que interesa, para delimitar el problema de la presente investigación, solo nos interesan los distintos aportes de la teología de la ecología que hace el franciscanismo a la situación actual de los problemas ecológicos, la participación del hombre en la acción perenne de Dios creador, y el tema de la Providencia Divina cuestionada hoy en día por la pobreza generada por la sobreexplotación del mundo natural.
Como es necesario entresacar un interrogante que dé aportes para la formación integral del teólogo bonaventuriano y con ello generar un espacio de reflexión y análisis para lograr un sentido de pertenencia con la herencia teológica franciscana planteamos para esta investigación: ¿Qué tipo de relación se plantea la teología del franciscanismo entre el hombre y la naturaleza? Sin embargo para una mayor claridad se plantea la siguiente cuestión: ¿Cuáles son  los lineamientos teológicos fundamentales del franciscanismo frente  a la reflexión de la ecología, y que papel juega en la formación integral del teólogo bonaventuriano?
2.  JUSTIFICACIÓN
 
 
Todos hablan hoy de ecología. Cada vez más el mundo contemporáneo recurre a este concepto para denunciar crisis ambiental, para anunciar salvación de especies en vía de extinción y renunciar a las llamadas políticas de desarrollo socio-político-económico que ponen en peligro la salud de la humanidad y toda la creación.
Este ha sido uno de los discursos que gana terreno en el ámbito científico, político pero  sobre todo teológico, pues se han creado espacios para el conocimiento de la  crisis ambiental y las posibles resoluciones de los problemas de sobreexplotación de los recursos naturales, la pobreza del llamado tercer mundo y la contaminación en todas sus manifestaciones.
No es de negar que el progreso de un pueblo y de la cultura depende también del nivel ecológico con que explote sus recursos, al fin y al cabo debe hacerlo de manera tal que sean aprovechados eficientemente para el desarrollo social, personal y natural. Hoy en día el crecimiento cultural a nivel educativo está tratando de responder a las  exigencias  inmediatas con alternativas para las generaciones futuras, es por ello la universidad se ha constituido en el inicio del camino de un sin numero de propuestas para la relación de la comunidad y la creación. No obstante, la teología ha dado pasos importantes en  el campo  de la ecología, puesto que se ha constituido en lugar privilegiado para la humanización del mundo bajo la Palabra del Evangelio, patrocinado de este modo la vivencia de los valores fundamentales del cristianismo, y, desde el carisma franciscano una pedagogía que  se orienta a la fraternidad con la creación, bajo la salvaguarda de HERMANO COSMOS.
Este trabajo de investigación pretende darle al teólogo bonaventuriano las herramientas fundamentales del pensamiento franciscano de cara a la ecología, puesto que la pedagogía del franciscanismo le pone frente a una alternativa espiritual y humana en la ecología.
La teología franciscana contiene perspectivas originales que deben ser explotadas en el campo de la reflexión y la praxis para dar a conocer el papel del hombre en la creación: hermano y administrador de la Obra Buena salida de Palabra y la Voluntad de Dios, así como la toma de actitudes serias de convivencia y fraternidad con las criaturas, desde el hermano sol hasta la hermana muerte.
Tomando como herramienta la teología franciscana de la creación, acompañada de la pedagogía bonaventuriana se estructura en el teólogo una formación integral en torno a sus relaciones, sin dejar de lado su inclusión en la naturaleza, puesto que es un lugar que lleva las huella divinas de la relación trinitaria: esto es lo fundante de la espiritualidad y del humanismo franciscano.
Por todo ello, se hace necesario presentar esta investigación como el espacio de claridad sobre la situación actual de la teología de la ecología, pues la filosofía y el horizonte de sentido de los movimientos ambientalitas actuales mas importantes han arraigado  su  camino de defensa con criterios eco-teológicos del franciscanismo. Ahora, para  enriquecer la identidad integral del teólogo bonaventuriano es necesario imprimir este aspecto en su conciencia formativa, para llevar a campo fértil el anuncio del Evangelio y la Salvación cósmica de parte Dios.
 
3.  OBJETIVOS
 
 
  • Objetivo general
 
 
Formular algunos lineamientos fundamentales de la teología franciscana en torno a la cuestión ecológica como herramienta integral de formación para el teólogo bonaventuriano.
3.2.  Objetivos específicos
 
 
  • Describir el contexto actual de la reflexión ecológica en torno a los problemas medioambientales y sus corrientes
  • Establecer la ecología como lugar teológico emergente dentro de la reflexión teológica franciscana.
  • Reconocer los fundamentos de la reflexión teológica franciscana en torno a la visión de Dios, de Cristo, del hombre, de la creación y de la ética.
  • Confrontar los lineamientos teológicos franciscanos con las diferentes corrientes de pensamientos ecológico.
  • Proponer algunos lineamientos de la teología franciscana para la elaboración de una reflexión sobre la ecología.
4.  MARCO TEOLÓGICO
 
 
  • TEOLOGÍA DE LA ECOLOGÍA
 
“Por que estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la Gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la caducidad,
no espontáneamente, sino por aquel que la sometió en la esperanza de ser liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues Sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.
Y no sólo ella; también nosotros que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismo gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestros cuerpos.”
(Rm 8, 18-23)
Cada época trae consigo una serie de problemas claves, los cuales enfrenta con la mayor fuerza de las ciencias disponibles para dicho caso. Este problema clave es contenedor de todos los campos del saber y de la acción. El problema ecológico es hoy uno de esos contenedores por los cuales se trata en las ciencias y filosofías, en la política y economía,    en la religión y en la ética.
Ecología es una de esas banderas en las cuales las generaciones presentes concuerdan, pero “el verdadero problema de nuestro tiempo no es estamos de acuerdo con la ecología o no, sino mas bien en determinar cuál ecología se quiere; en nombre de qué valores, de qué visión del mundo se hace ecología”. 3
La ecología más común es aquella terrorista y alarmista del desastre ambiental, y es justamente en este terreno donde la teología se siente interpelada, ya que apunta  visiblemente a la profunda crisis antropológica, ética y cosmológica de las sociedades contemporánea, nacidas de la secularización y del mito moderno del progreso sin retorno. Resulta bien diferente, en este caso, la propuesta ecológica hecha desde la teología franciscana porque nace del amor hacia la naturaleza sentida como hermana.
 
4.1.1.  Ecología: orígenes de una ciencia.
 
 
Históricamente, el término ecología fue acuñado por primera vez en el año de 1869 por el biólogo alemán  Ernst Haeckel (1834-1919); está formado de dos palabras griegas: oikos  que significa casa y logos que quiere decir reflexión o estudio. De esta forma etimológica, ecología designa al estudio de las condiciones y relaciones que forman el hábitat (casa) del conjunto y de cada uno de los seres de la naturaleza. “En la definición de Haeckel: ecología es el estudio de la interdependencia y de la interacción entre los  organismos  vivos  (animales y plantas) y su medio ambiente (seres inorgánicos) «.4
Fue sólo a partir de los años sesenta, con la corroboración de la destrucción del medio ambiente cuando la ecología pasó a ser una ciencia creciente y transversal en las nuevas perspectivas del desarrollo económico y social de la humanidad. En un primer momento se despertó una investigación sobre las condiciones naturales y de explotación de los recursos de la naturaleza, era la ecología derivada de la biología que estudiaba la interrelación de los seres y de su explotación para el beneficio y el mejoramiento de la calidad de vida humana.
En un segundo momento, la ecología se abrió al campo de las relaciones sociales, ya que el discurso se fue tornando al campo de las interacciones entre la humanidad y la naturaleza,  de ahí que surjan la ecología humana y social, ecología política y económica, eco-  tecnología y eco-ciencia, y ecología mental.
Por último, el giro ecológico se volvió más holístico y global; más del estudio de las interrelaciones que guardan los seres humanos con todo el cosmos. La cuestión es la de explicar que la realidad, toda cuanto existe, está inter-retro relacionada con todo. Explica Leonardo Boff que “la ecología ya no es simplemente el estudio de la naturaleza (vista sólo como biosfera y ecosistemas) sino también que ésta ciencia abarca ahora la sociedad y la
3 PANTEGHINI, Giacomo. El gemido de la creación. Ecología y fe cristiana. San Pablo. Bogotá, 1997. p. 6
4 Leonardo Boff. Ecología. Política, teología y mística. En: www.franciscanos.net
 
cultura, pero no limitada en humanidad y civilización, sino la relación profunda que guarda el cosmos con todas sus partes”5. Éste es el esfuerzo que se hace a partir de la nueva visón  de cosmos, pues el avance de las ciencias bio-físicas ha dejado claro que las partículas subatómicas subsisten en todos los organismos y co-existen a través de una trama infinita   de relaciones.
Hoy por hoy, la ecología representa como una ciencia transversal que cumple el objetivo de inter-retro relacionar la naturaleza desde las expresiones más ínfimas hasta los organismos más complejos con todo. De ahí que en los últimos años haya aflorado una gama de expresiones holísticas de las relaciones del hombre con la naturaleza, y todo el cosmos. Por ello es fácil ver organizaciones de ecologistas que cumplen la tarea de formar la conciencia humana en la defensa medioambientalista y la presentación paradigmática de una ética ecológica y una educación desde el punto de vista ecológico.
4.1.2.  Dimensiones de los problemas ecológicos y medioambientales
 
 
Este aparte del trabajo no piensa mostrar el terrorismo ecológico, sino más bien una visión del deterioro ecológico y ambiental que vive el mundo contemporáneo, pues se necesitan de los datos y de sus causas y consecuencias para tener una voz concreta a la hora de señalar el deterioro ecológico.
4.1.2.1.   Las dimensiones del desastre
 
 
Las causas físicas del desastre ecológico y ambiental son múltiples. Se señalan a continuación las que de algún modo representan una proclama del consenso global y puntas del iceberg ecológico: a) La contaminación, b) la sobrepoblación, c) la extenuación de los recursos naturales y d) la carrera armamentista.6
5 BOFF, Leonardo. Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres. Trotta. 2ª ed. Valladolid, 1997. p. 135-147.
6 RUIZ DE LA PEÑA, Juan L. Teología de la creación. Sal Terrae. 5ª ed. Santander. 1988. p. 181
 
4.1.2.1.1.  La contaminación:
 
 
Todos los indicadores ecológicos coinciden en señalar que se está en el umbral de la saturación de basuras, es decir, ya se registran situaciones de deterioro irreversible del  medio ambiente por verter basuras en tierras y mares del mundo.
Esta contaminación incide en los dos elementos más notables para la vida: el aire y el agua. Algunas estadísticas muestran que la cifra global de contaminación se duplica cada 14 años  y que sus responsables se reparten muy desigualmente entre las diversas poblaciones.
En el fenómeno de la contaminación se da, pues, no sólo la agresión a la naturaleza, sino incluso el agravio comparativo entre sus pobladores: todos sufrimos por igual las consecuencias, aunque unos son mucho más culpables que otros.
Otros datos son la contaminación de la capa de ozono con clorofluorocarbonatos y gases de metano, la deforestación de grandes zonas forestales, selvas y bosques tropicales, trayendo  la consecuencia del efecto invernadero, y por último la esterilización de tierras por el uso de fertilizantes químicos y plaguicidas en bastas zonas cultivables.
4.1.2.1.2.  La superpoblación
 
 
En los últimos años, la población de la tierra se ha incrementado en mil millones de personas. Se ha hecho ya común hablar de la explosión demográfica. Y ante el incremento  de la población, surgen afirmaciones que acusan a este problema de causar el desequilibrio ecológico, por lo que hay que limitar su número para impedir que, siendo excesivos, los hombres deterioren el medio ambiente. Esto ocasiona otro tipo de problemática, como el discurso antinatalista y la reducción de la población pobre, puesto que los países ricos extienden su «derecho preferente».
 
Al incrementarse la población en periodos cada vez más cortos agrava el cuadro notablemente, los recursos explotados a grandes escalas tienen más impacto a la hora de preservar especies. Pongamos el ejemplo de los recursos marinos, si antes de 1980 se explotaban 35.000 millones de toneladas de atún al año para abastecer el mercado latinoamericano, en el año 2025, que la tasa poblacional se incrementará doblemente, la explotación de atún no cubrirá el consumo y por ende llegarán problemas sociales y nutrionales para estas poblaciones.
4.1.2.1.3.  La extenuación de los recursos
 
 
Las reservas naturales de la tierra (materias primas, fuentes energéticas y de alimentación) son limitadas. La explotación salvaje a que han sido sometidas rebaja los recursos disponibles a cifras preocupantes. Por la creciente demanda del suelo urbanizable y por los altos costos que supone cultivar nuevas tierras prefiriendo el cultivo intensivo de las ya explotadas, con su consiguiente depauperación a corto plazo. El incremento continuo y ascendente de la demanda de recursos conduce directamente al colapso planetario.
Y en todo esto, la distribución de la responsabilidad sigue siendo desigual, pero aquí cobran proporciones escandalosas. Los países desarrollados representan la cuarta parte de la humanidad y el 40% de la superficie terrestre, pero disfrutan del 82% de los recursos naturales. Los países pobres o en vías de desarrollo comprenden las tres cuartas partes de la población mundial y el 60% del territorio, pero sólo disponen del 18% de los recursos. Se  da, pues, un acaparamiento y una pobreza creciente, respectivamente, de los dos grandes grupos en que se divide la comunidad internacional.
4.1.2.1.4.  La carrera armamentista
 
 
Al margen de la potencia devastadora de los arsenales nucleares, capaces de destruir la   tierra varias veces, la espiral del armamentismo ha cobrado en los últimos decenios perfiles
 
delirantes. Muchos recursos monetarios, naturales y humanos está siendo desviada de su curso racional para alimentar esta fiebre, que aún los países en vías de desarrollo están llevando a cabo.
El gasto global se calcula hoy en unos 750.000 millones de dólares. Esto resulta demoledor cuando somos conscientes de que con lo que los países desarrollados gastan en armamentos al día se podría dar de comer a medio millón de niños al año.
He aquí los problemas que se pueden considerar graves a la hora de examinar la situación  del desastre ecológico y  medioambiental. Sin vacilación se afirma  que la crisis que vive  hoy el mundo a nivel ambiental repercute en todos los estados y estilo de relaciones que guardan los hombres entre sí y de los hombres con los recursos de la creación, aquellos que da la naturaleza para aprovecho de todos.
4.1.3.  Antecedentes de un nuevo lugar teológico
 
 
Como lugar teológico se consideran “aquellas situaciones en las cuales el cristiano esta llamado a reflexionar y madurar su propia fe en una clara confrontación con  la Revelación  y con los signos de los tiempos”.7
En este sentido podemos considerar la ecología como nuevo Lugar Teológico, nuevo en el sentido del cambio que han tenido las relaciones del hombre con su entorno, y los nuevos interrogantes que han surgido de las  ciencias fácticas a partir de la transformación del  estado natural por la intervención humana y la investigación técnica.
Ya la dependencia de la naturaleza se nos plantea ahora por la técnica y la ciencia. Los organismos vivos son desestructurados y reconstruidos por la mano de la ciencia y
7 Op. Cit p. 11
 
presentados nuevos para el bienestar de la humanidad. Esto hacer ver al hombre no como siervo de la naturaleza sino como amo y señor de la materia prima y de sus propias construcciones. Esta visión moderna del hombre, bajo la perspectiva de la ciencia y de la técnica, ha dejado ver el sentimiento de pequeño dios capaz de «crear» un nuevo mundo, mejor que el deparado por su Creador.
“Tal experiencia demiúrgica de la era de la ciencia y de la técnica plantea en términos nuevos los temas teológicos de la creación, de la historia, de la Providencia divina, del trabajo…y hace surgir específicamente el problema de la participación y del papel de la persona en la perenne actividad creadora de Dios en un mundo en evolución”.8
Sea como fuere, desde hace ya algunos años se admiten las temáticas ecológicas en los tratados de Teología de la Creación, de Antropología teológica y en los nuevos manuales de moral y ética teológica, puesto que la atención ecológica confronta las actitudes humanas frente a la Creación toda y al Creador.
La Teología ha comenzado a entrever un estimulante terreno de trabajo, no se trata de   añadir un capitulo mas a los anteriores tratados o poner al día la tradición teológica sobre la creación, el pecado, la gracia, la cristología, la escatología, sino más bien de ver en la teología de la ecología un puente entre el mensaje de salvación perenne en la Revelación   del Dios Creador, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y las cuestiones actuales directas a los problemas ambientales, humanos y sociales de los tiempos modernos, puesto que el cometido general de la eco-teología es la recuperación y reconstrucción de  diversos  aspectos de la doctrina de la creación y la relación entre creación-redención.
8 Ibíd. p, 12
 
4.1.4.  Tendencias ecológicas actuales
 
 
Cuando se acerca al tema de la ecología, surge de inmediato la pregunta sobre cuál ecología hablamos, qué punto de vista vamos a tratar de la ecología, y es de saberse que desde su origen como ciencia desprendida de la biología, se ha hablado de tipologías ecológicas, algunas de ellas con tradición científica y otras más reflexivas de cara a la potencialización del espíritu humano.
En los últimos años, sobre todo desde el surgimiento de la Teología de la Liberación, la Teología ha ido hundiendo raíces en cuanto a la Teología de la creación y su relación con la Ecología, propiamente. En cuanto a lo que se refiere a la Ecología, podemos distinguir los siguientes tipos de lectura, pero operando todas con los mismos componentes en relación: Dios, Creación y ser humano. Todas éstas originan ópticas diferentes en cuanto a posturas éticas se refieren.
4.1.4.1.   Ecología humana
 
 
La ecología humana estudia la relación del hombre con el medio en que se desenvuelve, poniendo énfasis en el impacto que tiene éste sobre el ambiente ya sea urbano o rural. Aparece por primera vez en 1921 en la obra «Una Introducción a la Ciencia de la  Sociología» de Robert Ezra Park y Ernest W. Burges. Ellos abordaron el estudio de las comunidades humanas y los individuos que la forman en su relación con su propio medio espacial; establecieron que los procesos que se realizan por la especies vegetales  y  animales, tales como la adaptación, la competencia, la lucha por el espacio y por la existencia, tienen similitud con los procesos en la comunidad humana.
La ecología humana comprende el medio ambiente como el medio físico o las modificaciones que el hombre le introduzca, más no el ambiente social o espiritual como sí
 
lo hacen la sociología o la antropología. Según lo anterior, la ecología humana se ocupa únicamente de las relaciones entre los seres humanos y sus propias instituciones.
Hacia 1972 en la Conferencia de Estocolmo se plantea la problemática medio ambiental. Para 1976 la American Sociological Association crea una sección de sociología del medio ambiente reorientando la tradición de la Escuela de Chicago hacia el estudio de  la  influencia reciproca de los factores físico-biológicos y socioculturales, apareciendo así una nueva ecología humana que sería el centro de la sociología medio ambiental.
4.1.4.2.   Eco-feminismo
 
 
Varios movimientos ecologistas coinciden en aceptar el modelo dominante en materia ecológica y social que ha propiciado la crisis que en materia ambiental contemporánea es derivado del antropocentrismo. Es esta una de las criticas del movimiento conocido como ecofeminismo. El antropocentrismo ha sido el causante de todo el desequilibrio ecológico, que tiene también asiento dentro de la especie misma bajo una representación de lo humano bajo una noción de carácter androcentrista. Según este movimiento tanto las mujeres como la naturaleza, han sido víctimas de la explotación. La tierra misma ha sido objeto de explotación tanto como la mujer. El género humano ha asumido una postura androcéntrica frente al género femenino y frente al planeta mismo. Explotación, dominación y anulación son los factores que invitan a una emancipación ecofeminista.
 
Al interior de los diferentes movimientos ecologistas existen también nuevas criticas. El ecofeminismo objeta al eco-fundamentalismo que su visión antropológica que considera al hombre como el animal que amenaza el ecosistema ya que puede generar nuevas fuentes de explotación.
 
4.1.4.3.   Ecología social
 
 
La ecología social «es el estudio de los sistemas humanos en interacción con sus sistemas ambientales», entendiéndose por sistema humano al conjunto de individuos, grupos o naciones, y por sistema ambiental todo lo que interacciona con el sistema humano. El sistema ambiental, se divide a su vez en: humano, construido y natural. El  humano  se refiere a los diferentes grupos sociales y sus organizaciones; el construido  representa todo  lo edificado por el hombre como calles, edificios, áreas cultivadas, etcétera; por último el natural comprende los bosques, ríos, montañas, fauna y flora.
El filósofo M. Bookchin «concibe a la ecología social como una disciplina que permite estudiar los problemas creados por las crisis sociales y ambientales, donde se da igual  valor a la critica, a la construcción, a la teoría y a la práctica«, diferenciándola claramente de la ecología humana, puesto que ésta enfatiza su estudio en las relaciones del hombre con su espacio construido.
Por su parte, autores como Eduardo Gudynas y Graciela Evia, consideran que  dicha  ecología está caracterizada por tres dimensiones: la investigación científica, una labor de acción promoción y por ultimo un compromiso ético de respeto a la vida. La ecología social busca entonces «una praxis éticamente comprometida» a favor de toda clase de vida. La praxis de la ecología social descansa en una participación profunda y reflexiva. La reflexión obliga a reconocer que siempre existe un interjuego de poderes y por lo tanto de jerarquías,  y a esto nadie escapa. Por ello la búsqueda de una verdadera participación en todas estas tareas, desde la investigación hasta la acción, es el desafío de la ecología social. Por esto, la ecología social es también una herramienta para la búsqueda de nuevas relaciones entre los seres humanos y de éstos con el ambiente.
 
4.1.4.4.   Ecología urbana
 
 
El nacimiento de la ciudad se remite aproximadamente a 5000 años atrás, como una particularidad del género humano, que busca por medio de ella, facilitar el comercio, albergar grandes cantidades de personas y  brindar seguridad  a sus habitantes. Gracias a  ello, logra consolidarse como el principal núcleo de poder hasta entonces conocido por la humanidad. Sin embargo, con el transcurso del tiempo estos centros urbanos han crecido a un ritmo que jamás pudo ser imaginado, trayendo consecuencias funestas para el medio ambiente, dado que la ciudad es el factor número uno en la producción de desechos sólidos  y emisión de gases contaminantes, y su impacto sobre el ecosistema es cada vez más devastador.
No obstante, algunos sectores consideran que «la ciudad, como entorno vivo,  es  en  sí misma un ecosistema». Partiendo de esta premisa, aparece en el ámbito de los estudios medioambientales la idea de una ecología urbana, la cual estudia, desde una perspectiva científica, el fenómeno urbano centrándose en el estudio de los procesos y los flujos que mantienen el metabolismo de la ciudad. Analiza de forma clara y comprensible la complejidad de la estructura urbana, cuantifica las corrientes de materia y energía que interrelacionan la ciudad con su entorno y permiten su continuidad, e introduce indicadores ambientales y de sostenibilidad aplicados al conjunto urbano, considerando siempre el protagonismo del elemento vital (humano o animal) que habita la ciudad.
La ecología urbana, por lo tanto, propone buscar un modelo de desarrollo urbano acorde   con las necesidades de su entorno biótico, entendido este como un conjunto de seres humanos y espacios verdes: fauna, lagos, zonas forestales, y de éstos con los componentes típicamente citadinos: complejos fabriles, conjuntos residenciales, espacios académicos, etcétera. Afirma entonces que, si realmente queremos optar por una vida ciudadana en paz con el planeta, las propuestas de la sostenibilidad tienen que ganar terreno y salir del gueto en el que han sido secuestradas para colocarse al centro del debate social y político. Las
 
principales preocupaciones ecológicas tendrían que ampliarse y resituarse para implicar a nuestro entorno más inmediato y a nuestros hábitos más cotidianos. Hemos de volver la mirada hacia la vivienda, la calle, el barrio, la comida de cada día, la tienda de enfrente, la pequeña huerta, los barrios y edificios históricos aún conservados y a punto de ser  engullidos por el cemento, los procesos y consecuencias de nuestro trabajo de cada día, etc. Implíquese además nuestros espíritus, mentes y cuerpos.
Para tal fin, se hace impostergable una reglamentación en términos ecológicos, de los grandes centros urbanos, con el fin de lograr políticas de conservación del medio ambiente. Se requiere, además, que dichas políticas sean encaminadas no sólo en el sentido de implementar un adecuado manejo de basuras o la puesta en marcha de campañas para disminución de la contaminación atmosférica, sino que a la par, es urgente la redefinición  del modelo de desarrollo entronizado hasta hoy. Por  ende, las políticas ecológicas habrían  de andar todo el camino, desde los inicios, que suelen comenzar en alguna montaña, en  algún río, o en algún ecosistema específico, hasta los detritos y basuras finalmente desechadas. Si realmente se optara por avanzar hacia la sostenibilidad urbana sería preciso volver la atención desde el fin al comienzo, desde los vertidos y residuos a los procesos y  los ciclos transformativos de la economía: la extracción, el transporte, la producción, los desechos y el consumo. Tendríamos que enfocar nuestra mirada a las toneladas de energía, materiales y mundo vivo que continuamente están afectadas, se agotan o se degradan en el proceso productivo, y tendríamos que reconocer las consecuencias más indeseables y no buscadas que le acompañan. Hemos de recordar que la mayoría de los problemas ambientales de hoy día derivan del enorme volumen total y creciente de recursos naturales consumidos, de sus cualidades y funciones diversificadas que se malogran, y  de  la velocidad con que se destruyen o agotan en ciudades tan voraces como las nuestras.
 
4.1.4.5.   Bioética ambiental
 
 
La necesidad de una Bioética Ambiental siempre ha estado en la intuición de algunos seres humanos excepcionales que reflexionaron sobre la totalidad en lo individual y sintieron profundamente la unidad de la vida, y que entendieron que la educación de la sensibilidad y el desarrollo espiritual tienen una fuente inmensa de inspiración en la belleza de la naturaleza. Por esta razón, quienes primero hablaron de la necesidad de una nueva ética fueron escritores, naturalistas, filósofos y poetas; porque de cierta forma casi toda la inspiración se basa en la necesidad de unión a la belleza. De encontrar en la naturaleza y    sus formas un refugio para el alma y de buscar en la naturaleza muchas de las respuestas sobre el sentido de la vida.
Víctor Hugo señalaba, de esta manera, la necesidad de una nueva sensibilidad moral: «Subyace en la relación del hombre con los animales, con las flores, con los objetos de la creación, una ética, por lo menos apenas intuida, que saldrá a la luz y será corolario y complemento de la ética humana».
Teilhard de Chardin, también fue un excelente ejemplo de teólogo, científico y místico que propuso una cosmovisión de gran profundidad Bioética sin proponerse el uso de este  término (Cely, 1994). El mérito de Teilhard estriba en que fue consciente de los lazos indisolubles que existen entre nuestra existencia y la existencia del Universo. El problema del sentido de la vida personal no puede ser disociado del sentido de la historia evolutiva y  la historia del cosmos. De esta forma la relación del hombre con la naturaleza y con el universo toman una dimensión trascendental en la historia evolutiva del hombre.
Esta Unidad de la Vida está de cierta forma en todas las religiones y se basa en el amor al prójimo, tal como lo enseñó Nuestro Señor Jesucristo: «Ama a tu prójimo como  a  ti  mismo». El amor y respeto a la naturaleza es una extensión del amor al prójimo, la  naturaleza nos ha sido dada como una compañera, como una hermana, como una madre que
 
nos ayuda en todo momento a realizarnos como seres humanos. Al separarnos de la naturaleza, al no sentirnos parte de ella, la vemos como a una esclava a la cual hay que explotar, dominar, destruir y contaminar.
4.1.4.6.   Ecología de la liberación
 
 
A principios de la década de los noventa, aparece en escena una nueva corriente de la teología de la liberación. Basada en los principios de ésta, la ecología de la liberación  retoma sus reflexiones teológicas y sociológicas, insertándolas en el contexto de la globalización y sus implicaciones. Dicha corriente, plantea la cuestión ecológica  ya  no como la simple defensa de la naturaleza (vista sólo como recursos naturales), sino que la amplía a todo ser viviente, principalmente a la especie humana; Como medio de salvación  de la Tierra invocamos hoy la ecología.
No en el sentido palmario y técnico de gestionamiento de los recursos naturales, sino como una visión del mundo alternativa, como un nuevo paradigma de relación respetuosa y sinergética para con la Tierra y para con todo lo que ella contiene.
La ecología de la liberación propone observar a la tierra y al ser humano como un todo, como un conjunto en el cual lo sucedido a una de las partes afecta a la  otra,  siendo necesario protegerlas por igual. Además, parte del siguiente supuesto: la especie humana es la principal afectada por el desgaste de los recursos naturales, existiendo un impacto mayor sobre los sectores empobrecidos de la población. Por lo tanto, es prioritario el proceso de liberación como fuente de una nueva relación hombre-naturaleza, y en este proceso, la opción por los pobres sigue siendo el derrotero. Al respecto Boff anota: «El ser de la  creación al que menos se le hace justicia, no son las ballenas, o el oso panda de China, sino
 
los pobres del mundo, condenados a morir antes de tiempo, o los pueblos en extinción. De allí la razón impostergable de la opción por los pobres”.9
Aunque en el momento se realizan un gran número de trabajos que siguen esta línea, principalmente en el campo educativo, la elaboración teórica ha tenido muy pocos avances. La figura que más sobresale en este aspecto es el teólogo brasilero Leonardo Boff, el cual   ha publicado artículos de revista y algunos libros entre los que se cuentan: Principio tierra,  El matrimonio entre el cielo y la tierra, El despertar del águila, La dignidad de la tierra, Ecología: grito de la tierra, grito de los pobres, entre muchos otros, pero sus escritos han  sido difundidos básicamente por internet, siendo esto muestra significativa de una nueva etapa en el trabajo de difusión y organización por parte de los teólogos de la liberación.
Se puede afirmar que la fuente de la cual bebieron teóricos como Leonardo Boff, es sin  lugar a dudas el teólogo y filósofo francés Pierre Teilhard de Chardin, el cual basado en la teoría darwiniana de la evolución pretendió conciliar el racionalismo  con  el  cristianismo. Su idea sobre la noosfera abrió el camino para acercar al espíritu Dios y el espíritu de la naturaleza, con una visión científica. Elabora una teoría del transformismo la cual se  sustenta en la relación entre un punto Alfa (principio) y un Omega (fin  de la creación) que es Dios, los que encuentran su hilo conductor en la materia. Para este pensador,  la  evolución del universo se da en tres etapas: litosfera, biosfera y noosfera. Entre sus obras principales están: El fenómeno humano y El ambiente divino.
Pese a la falta de una amplia teorización, la relación ecología – religión ha estado presente  en las disertaciones de un importante grupo de ecólogos y teólogos, gracias a ello, existen escritos que apuntan hacia la búsqueda de una nueva visión de la ecología, leída desde la fe  y con un fin de liberación. Tal es el caso de algunas visiones feministas, grupos ecologistas de izquierda, ambientalistas, etcétera. Al respecto cabe resaltar el trabajo adelantado por los
9 BOFF, Leonardo. Las tendencias de la ecología. En: Revista Pasos. Nº 68 (nov-dic 1996); p. 25-26
 
intelectuales Raimond Pánicar, Helio Gallardo, Gerardo Chacón, Alfonso Messner, Cecilia Cherrez, entre otros.
4.1.5.  Movimientos medio ambientalistas10
 
Todas las causas tienen sus militantes. Y la naturaleza no podría ser menos. La multitud de corrientes ecológicas han hecho que surjan muy ligeramente movimientos, organizaciones, grupos, asociaciones ambientalistas que se ponen al servicio de una causa o defensa de los lugares que son conocidos como reservas naturales, así como  la denuncia de actividades  que ponen en riesgo la naturaleza y el deterioro de la biosfera.
Se mencionan aquí algunas de las organizaciones mas importantes a nivel mundial que patrocinan la defensa medioambientalista con una base ideológica partida de alguna  corriente de la ecología.
4.1.5.1.   Greenpeace (Paz Verde)
 
 
Es una organización ecologista internacional, económica y  políticamente  independiente, que no acepta donaciones ni presiones de gobiernos, partidos políticos o empresas. Su objetivo es proteger los equilibrios ecológicos del planeta, interviniendo en cualquier lugar. Cuenta con cerca de 5 millones de socios en todo el globo; edita un boletín informativo trimestral.
Se caracteriza por el uso de la violencia si es el caso para frenar los riesgos de contaminación, tanto de la salud humana como de la naturaleza.
10 Estas organizaciones ecologistas y medioambientalistas las encontramos detalladamente expuestas en FERRANDEZ OBRADORS, Víctor. Comprender y amar la naturaleza. Dimensión ecológica del -Cristianismo. San Pablo. Madrid. 1996, p. 75-80
 
4.1.5.2.   C. O. D. A.
 
 
Se trata de la Coordinadora de Organizaciones de Defensa Ambiental. Recocida organización española que recoge cientos de pequeñas asociaciones ambientalistas y coordina actividades tanto de protesta como de reflexión ecológica, así como la acción política que el gobierno debe presentar al tema medioambiental. Edita la revista Gaia.
4.1.5.3.   F. A. T.
 
 
Federación de Amigos de la Tierra. Es una organización internacional que busca en la reflexión y la acción el cuidado de los ecosistemas. Edita la revista Oxígeno.
4.1.5.4.   W. W. F.
 
 
Fondo mundial para la naturaleza. Es una organización mundial privada, independiente y apolítica. Trabaja en la protección de la naturaleza, sobre todo en los proyectos de conservación: parques nacionales, especies animales y vegetales, zonas húmedas, bosques y áreas de preservación natural. Cuenta actualmente con 4 millones de asociados.
4.1.5.5.   AEDENAT
 
 
Asociación ecologista para la defensa de la naturaleza. Importante organización de ámbito español que funciona a través de comisiones de trabajo bajo los proyectos del aprovechamiento de las diferentes energías naturales y el cuidado de reservas hídricas en el país ibérico.
Estas son algunas de las asociaciones y grupos de ecologistas que bajo una perspectiva de    la relación hombre y naturaleza encaminan sus fuerzas para defender la causa medioambiental. Estas instituciones son abanderadas en presentar al mundo una ética
 
ecológica con  miras a la protección de las reservas naturales de regiones altamente en  riesgo de sobre explotación; al igual, dichas instituciones presentan una  educación  ambiental actualizada para las generaciones presentes y con la proyección de guardar a las generaciones futuras un mundo ecológicamente más cuidado.
Lo cuestionante de estos grupos ambientalistas es la metodología o sus tácticas para hacer que el mundo se dé cuenta de la gravedad de un atentado ecológico, aunque algunos de   ellos llegan a la violencia a través de sus famosas protestas, lo importante -al fin y al cabo- para ellos es presentarse ante el mundo como los «guardianes del mundo natural» y los únicos interesados en lograr un mundo ecológicamente más sano.
 
4.2.  FUNDAMENTOS TEOLÓGICOS DEL FRANCISCANISMO
 
 
Loado seas mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente por el Señor hermano sol…
Loado seas mi Señor por la hermana Luna y las estrellas Loado seas mi Señor por el hermano viento Loado seas mi Señor por la hermana agua Loado seas mi Señor por el hermano fuego
Loado seas mi Señor por nuestra hermana la madre tierra Loado seas mi Señor por nuestra hermana la muerte corporal
Load y bendecid a mi Señor y darle gracias y servidle con gran humildad.
(Cántico de las criaturas. San Francisco de Asís)
En este aparte de la investigación pensamos mostrar las líneas fundamentales de la teología franciscana y la propia experiencia de San Francisco de Asís para ver cómo nos aclaran la relación, que desde el itinerario franciscano, se salta del hombre hacia Dios, del Dios hacia  el hombre, pero sobre todo del hombre para con la creación.
La perspectiva teológica franciscana aporta los trazos fundamentales para presentar con transparencia la verdad de la relación del hombre con Dios Creador, y del hombre con la obra del Padre Creador, su Hijo Redentor del Cosmos y  el Espíritu Santo, aliento y ánimo  de todo la vida del Cosmos.
4.2.1.     La Experiencia de Dios y del Mundo de San Francisco de Asís y del franciscanismo
 
Para comprender la fuente misma del franciscanismo se conjuga amablemente: La experiencia de vida de unión con Dios, de Fraternidad y de testimonio cristiano  de  Francisco de Asís y la continuidad que le ha dad sus discípulos a través de la historia.
Francisco de Asís, conocido como testigo y profeta de la fraternidad y de la paz universal, creyente que ha vivido en profunda sintonía con todas las criaturas se presenta hoy ante el mundo como lo que siempre ha sido: hermano, pobre y sencillo; un profeta de la paz y un cristiano reconciliado con toda la creación.
 
Pero, ¿Quién es este hombre que ha sido proclamado patrono de los ecologistas11 y que se guarda como una fuente de experiencias de vida en unión con Dios, con los hombres, quienes son sus hermanos y heraldo de paz; y con la creación que es hermana, para testimonio de estas generaciones y de toda la Iglesia santa de Dios? ¿Cuál  es  la herencia que ha dejado a sus hermanos para que la sigan escudriñando y sea hoy una de las mas grandes Escuelas teológicas que apoya la salvaguarda de la creación, la justicia y la paz con todo?
Francisco vivió entre los años 1182 y 1226 en un pueblo del Valle de Espoleto, región central de Italia, llamado Asís. Desde los inicio de su conversión, hacia el año de 1208,  logró convocar a diversidad de personajes a su lado, dado de lo fascinante de su experiencia de encuentro con Jesucristo. Su forma de vida y de convivencia fraterna con los hombres y con la creación daban cuenta de una profunda conversión a Dios. Su fidelidad a la Iglesia y los hermanos lo hace componer hacia el año de 1209 la Regla de Hermanos Menores, aprobada por el Papa Inocencio III el 9 de noviembre de ese mismo año. Francisco muere el 3 de Octubre de 1226, y es canonizado el 16 de Julio de 1229.
La nueva Orden de Hermanos Menores se expande por toda Europa y empieza una renovación teológica al interior de la Iglesia dando así inicio a lo que hoy conocemos históricamente como la Escuela Teológica Franciscana.
La Orden de Hermanos Menores, dividida a lo largo de la historia en tres familias, ha dado grandes santos y teólogos que han aportado al pensamiento de la humanidad una forma renovada de la vida, de Dios y del mundo. A estos hombres de Dios y de la Teología configuraron muchas de las experiencias carismáticas del santo de Asís en  ciencia  teológica, algunos de ellos, como san Antonio de Padua, Rogelio Bacón, Alejandro de  Hales, San Buenaventura, Beato Juan Duns Scoto, Guillermo de Ockham, entre otros
11 Juan Pablo II. Bula INTER SANCTUS. Por la que se proclama a San Francisco de Asís como patrono de los ecologistas. 12 de Noviembre de 1979
 
grandes teólogos y pensadores que han formado lo que podríamos llamar fácilmente Teología Franciscana.
Heredera de la experiencia de Francisco, la Orden de los Hermanos Menores ha logrado forjar lineamientos fundamentales en su pensamiento teológico, emergidos todos ellos del carisma del poverello de Asís, ya que encuentran su significado y centro en la adhesión a Jesucristo pobre, humilde y crucificado.
4.2.1.1.   Dios en San Francisco de Asís
 
 
Para Francisco de Asís Dios es el SUMO BIEN y el AMOR; así lo señala el Manual de teología franciscana cuando explica que: “La intuición o principio rector de la escuela franciscana es indudablemente la categoría de bonum y de amor. En esto a permanecido siempre fiel a la experiencia mística de Dios guió y penetro toda la vida espiritual de Francisco de Asís «el solo verdadero Dios, que es el Bien pleno, el todo bien, el bien total,  el verdadero y sumo bien, que es el solo bueno (1R12,9)»”12.
 
A este dato teológico del Santo de Asís podemos añadir que su acercamiento al Misterio de Dios se hace desde una perspectiva existencial y preponderantemente práctica, es decir, en  la búsqueda de Dios, Francisco expresa a Dios como valor supremo y único, adherido a Jesucristo pobre y humilde, ya que ÉL es quien da a conocer el misterio divino.
El Misterio de Dios esta visionado bajo la dimensión de la comunión de amor, puesto que Dios en su Misterio es Trinidad Santa y comunidad de amor. Esta imagen de Dios la descubre el santo en el hombre bajo el conocimiento de Jesucristo y, para ver ese rostro de Dios, Francisco encuentra a Jesús en el leproso, en el crucificado, en la Palabra, en la Misión, en la Eucaristía y en el seguimiento y observancia del Evangelio sine glossa.
12 MERINO, José Antonio y MATÍNEZ FRESNEDA, Francisco. Manual de teología franciscana, BAC, Madrid. 2003. pag. 57
 
Siendo Dios el Sumo Bien y el Amor Amado, Comunidad de Amor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, manifiesta que el amor es persona. Persona que ha creado al hombre a su Imagen, o sea que, también el hombre es portador de la huella de Bien, del Amor y el hecho de ser fraterno pone de manifiesto la comunidad Divina que es Dios.
Ahora, ¿Cómo fue el amor de Francisco por las criaturas? El pobre de Asís vivió la belleza que el Sumo Bien ha impreso en la creación. La creación amada y admirada tiene incorporadas las señales de la Bondad, la Sabiduría y la Belleza creadora y junto a ella se realiza el itinerario hacia Dios. De esta forma la creación es el lugar del encuentro con Dios  y con su Espíritu. El mundo contiene el lenguaje fraterno de la vida intima de Dios, por ello se constituye en Cosmos, o sea, co–fraternidad de todos los elementos.
Tomás de Celano escribe: “Sería excesivamente prolijo, y hasta imposible, reunir y narrar todo cuanto el glorioso padre Francisco hizo y enseñó mientras vivía entre nosotros.
¿Quién podrá expresar aquel extraordinario afecto que le arrastraba en todo lo que es de Dios?¿Quién será capaz de narrar de cuánta dulzura gozaba al contemplar en  las  criaturas la sabiduría del Creador, su poder y su Bondad?13
 
Una vez mas la opción de vida y la coherencia en su comportamiento existencial salen a nuestro encuentro para orientarnos en el camino de una teología que moldea la cosmovisión franciscana, pues Francisco de Asís contempla la creación
De esta forma concluyo este aparte señalando que Francisco contempla a Dios y alaba al creador, Sumo Bien de Todo, participa con las criaturas en su  condición  de  hermano menor, con mirada inocente y profunda. Esta relación de Francisco con las criaturas ofrece una nueva racionalidad sensible ante la hermanas criaturas. Existe una nueva posibilidad
13 1TC 29, 80.
 
para vivir el Evangelio: una justicia nueva en la relación con las cosas a partir de la
condición menor, una piedad y devoción como hermano y servidor.
Así lo describe san Buenaventura en la Leyenda Mayor cuando escribe: “La verdadera piedad, que según el Apóstol, es útil para todo, de tal modo había llenado el corazón y penetrado las entrañas de Francisco, que parecía haber reducido enteramente  a  su dominio al varón de Dios. Esta piedad es la que por la devoción le remontaba hasta Dios; por la compasión, le transformaba en Cristo; por la condescendencia, lo inclinaba hacia el prójimo, y por la reconciliación universal con cada una de las criaturas, lo remontaba al todo de inocencia. Sin duda, la piedad lo inclinaba afectuosamente hacia todas las criaturas…”.14
La piedad de Francisco se ofrece como una nueva justicia ante la racionalidad transformadora del mundo15. Por ello, podemos afirmar que la mirada de Francisco por la creación esta ordenada a la ternura y la devoción. Es aquí donde se descubre un modo distinto de estar con el mundo y en el mundo, ya no sobre las cosas sino junto a ellas: es hacerse pequeño (piedad) para entender la grandeza de los otros (devoción). Se inaugura  de esta forma una nueva posibilidad de vivir según el criterio de la justicia en  minoridad  con la condición de una devoción menor, servidora y amante de la criaturas.
Francisco, para vivir socialmente este criterio espiritual de su cosmovisión, se despoja de toda ambición y se apropia del Bien para servir en el Bien tanto en el uso material de las cosas como es su consumo fraterno y justo. El valor teológico de esta visión de Francisco esta en cuento que asume la actitud de la Bondad de Dios para el uso bueno de las cosas, o sea, no consumir y derrochar por la abundancia sino de servir y amar a las criaturas porque son salidas del Bien Sumo, de Sumo Bien Total.
14 LM, LVIII, 1
15 Cf. 1Cel 81-82; 2Cel 165; EP113
 
En su reverencia por las criaturas y en su actitud de despojo entra el segundo criterio en la experiencia Franciscana: La pobreza, entendida como la libertad amorosa que libera de  todo deseo de posesión. Creando su condición teológica del Sumo Bien y antropológica del Bien del hombre se genera la condición expresa de Bondad para con  la criaturas, es decir,  en el momento de estar en el mundo y con el mundo, resalta la no posesión para lograr la comunión con las hermanas criaturas, por ello es bueno el compromiso con la bondad presente en la justicia, la paz y la comunión con las criaturas.
El Santo de Asís vive la pobreza para demostrar que la no posesión es el camino de Fraternidad puesto que es el signo de la Kénosis de Cristo; para vivir con el mundo y en el mundo se gira alrededor del despojo para custodiar la creación y alcanzar una mirada de   ella como Don de Dios. Solo desde una vida menor y pobre podemos entender la realidad y el universo como Bondad del Sumo Bien.
4.2.1.2.   Teología de la creación en la Escuela Franciscana
 
 
El estilo peculiar de ver el mundo, de estar en él y relacionarse con las criaturas del Pobre   de Asís se articuló después en el pensamiento de los maestros franciscanos. Esto nos lleva por quienes profundizaron teológicamente la espiritualidad de Francisco y descubrir la novedad del carisma.
Fieles a su fundador y a la vida de la espiritualidad del carisma, los teólogos franciscanos tienen al amor, la comunión y la libertad como rieles coherentes para la reflexión teológica. Se pretende aquí mostrar las intuiciones que caracterizan al espíritu franciscano en relación con la creación. Anticipadamente se considera que la unidad en la multiplicidad de caminos y la orientación profunda que relaciona a la escuela franciscana se ha definido como: metafísica del amor, primado de la bondad, primacía de la volunta.
 
El Doctor seráfico San Buenaventura ha integrado la experiencia de Francisco  en  su  sistema teológico. El pensamiento bonaventuriano es el que mejor penetra la persona y la obra de San Francisco, -así que no es de extrañar su referencia constante a él-. Para San Buenaventura sigue siendo constante Dios como Sumo Bien, el Amor supremo y en cuanto tal es efusivo, difusivo y autocomunicativo: Dios, que ama con amor gratuito se expande haciéndose un ser totalmente comunicativo. Éste es el fundamento que explica toda la vida creadora de Dios. Quien no penetre el Misterio Trinitario en su acción creadora  no  entenderá la creación, que sólo puede descifrarse en clave trinitaria: “Dios es la Suma   fuente y la Suma Fecundidad, es el primero que se expande en Trinidad. El ser de Dios en cuanto unidad consiste en estar en comunidad. Esa comunión se abre hacia fuera, y toda la creación es el desbordamiento de vida trinitaria de Dios, que invitan a todas las criaturas a participar de esa comunión”. 16
Las criaturas son expresión de la sabiduría y del amor de Dios y remiten  constantemente a su autor. El misterio de la creación tiene su origen en el amor y en la Palabra amorosa pronunciada en el tiempo, es por eso que la creación también es palabra, es logos, es teofanía, es mensaje.
Dios se ha comunicado fuera de sí comunicando amor. En la expresión bonaventuriana todo es referencia y participación. Las cosas expresan ideas y éstas nos llevan a Dios. Las criaturas esconden en sí el misterio divino como vestigios, imágenes o semejanzas. El hombre se encuentra con las cosas exteriores como un “vestigio” para penetrar en las cosas interiores, es ahí donde se descubre la imagen que le orienta sobre sí mismo hasta comprender el misterio trinitario: “El hombre tiene una misión particular, porque es el beneficiario de los dones de Dios, y que por su inteligencia, puede leer la creación  como  una palabra de Dios, un Verbo creado que refleja el verbo eterno”17.
16 MERINO, José Antonio. Caminos de Búsqueda. Espigas. Murcia, 1999. p. 11-42
17 Ibid. p. 46
 
San Buenaventura se siente encontrado por el ser absoluto, habitado por Dios. La causa ejemplar de la creación es Dios uno y trino, que vive en comunión, en relaciones inter- personales. El hombre es portador de la imagen trinitaria que entra en comunión con la pluralidad de personas.
San Buenaventura ha sistematizado en el ejemplarismo esa presencia divina difunda en la creación. El mundo por la presencia de los vestigios de Dios en él se ha transformado en sacramento, en signo visible de la vida de Dios. Las criaturas nos evocan al Creador. El mundo nos refleja el misterio trinitario y nos conduce a un tú de relación con la creación, pues la estructura de la trinidad creadora configura la intimidad de cada ser y de cada persona.18
Para la escuela franciscana el mundo es expresión del amor libre y liberador de Dios que alcanza nuestra voluntad. Un Dios necesitado no puede tener libertad. La libertad en Dios   es un principio originario, es el despliegue de sí  misma. El hombre se detiene ante la  libertad de Dios, por eso cuando pregunta ¿Por qué Dios ha creado el Mundo? se responde: Dios quiere, porque quiere. Es la lógica de la donación  gratuita la que lleva la primacía de  la libertad de Dios. Las criaturas son expresión significativa de la libertad amorosa de Dios, por ello lleva los vestigios como manifiesto de su Creador.
Este estilo del pensamiento franciscano tiene sentido en cuanto el hombre es un ser abierto   a la relación con las criaturas, no es un indigente, sino un vínculo que hace reconocer su responsabilidad e incorporación en la dinámica de la minoridad, fraternidad y pobreza, que vendrán siendo la excelsitud en la razón del hombre, o sea, por su relación  menor, fraterna  y pobre del hombre con las criaturas hacen de la realidad un bien, y una  teofanía presente del Amor.
18 MERINO, José A. y MARTÍNEZ F. Francisco. Manual de Teología Franciscana. p. 373 – 376
 
Lo que Dios pretende con la creación no es otra cosa que amar y ser amado, la  manifestación de su poder y la felicidad del hombre, por ello es entendida la redención del hombre y de la creación como la suprema glorificación de la historia. Todo ello surge por la claridad de la luz de Cristo.
El Cristocentrismo de la Teología franciscana es la razón fundante para comprender la  visión unitaria y armónica del hombre con la creación, ya que todos los seres participan del acontecimiento redentor de Cristo. Cristo es el primer querido por Dios y la creación toda   es considerada termino único y efectivo de la acción de Dios ad extra, y por lo tanto Cristo  es la única posibilidad de explicar la presencia de la materia, del mundo y del hombre.
Siendo Cristo el amor y libertad divinos, puede entenderse exactamente la relación entre Dios y las criaturas, así como el papel del hombre con y en la creación toda.
4.2.2.  Cristología Franciscana
 
 
La experiencia y visión de Jesucristo por san Francisco es existencial y práxica. El santo de Asís encuentra a Jesucristo en el rostro del leproso, el crucifijo de san Damián, en la palabra, en la misión, en la Eucaristía, en el seguimiento radical y en la observancia sin reservas del Evangelio.19
 
El rostro del Jesús histórico lo invita a seguirlo en pobreza, penitencia y kénosis. Esta experiencia lo hace reconocer en concreto a Jesús como  El Hijo, La Palabra, El revelador,  la Sabiduría del Padre.20
19 Ibid, p. 150.
20 Cf. 1R 23, 43-57; 2CtaF II 56-60; Adm 1
 
La riqueza de términos en los escritos de Francisco deja notar la complejidad de la contemplación del Misterio desde una perspectiva alta (DIVINA)21 y  baja (HUMANA):  “así Jesucristo es el Verbo, el Hijo del Padre, el Señor y el Creador, el Unigénito del Padre, el Redentor, el Salvador…pero al mismo tiempo es también verdadero hombre de carne, frágil, pobre, peregrino, huésped, siervo de Dios y el hombre en su vida, pasión y muerte.   El Cristo glorioso lo tiene presente como el Señor eternamente viviente, vive en su gloria y que lo tiene presente como Señor en la Palabra del Evangelio.
En la vivencia y en la reflexión teológica franciscana los maestros descubren que Jesucristo es fundamentalmente mediador entre Dios y los hombres22 ha obrado la liberación y la redención, y antes mas radicalmente la Creación, pues es el Verbo por cuya fuerza se ha creado todo, en particular el hombre, haciéndolo a Imagen y Semejanza suya en el cuerpo y en el espíritu.23
La cristología elaborada a partir de la experiencia del Pobre de Asís tendrá la admiración y  la contemplación como caminos para el conocimiento de Jesucristo. Admiración por su Kénosis y contemplación de su Gloria.
A partir de estos elementos, los maestros de la teología franciscana –en especial veamos a san Buenaventura, que es el mayor expositor de la Cristología franciscana– destacan las siguientes líneas fundamentales para pensar cristológicamente  las  espiritualidad franciscana:
21 Alabanzas al Dios Altísimo, Paráfrasis del Padre Nuestro, Cántico de las Criaturas. Escritos y Documentos de época. San Francisco de Asís. BAC. 1998.
22 1R 23,5
23 Adm 5
 
4.2.2.1.   El Verbo es el mediador de la creación
 
 
Para Buenaventura, la mirada cristológica del franciscanismo parte del misterio de la Encarnación, del Verbo Encarnado. Se trata del movimiento kenótico del Verbo que lo constituye medio entre la dinámica de la vida trinitaria y la dinámica de la vida humana. Es la expresión perfecta del ser paterno de Dios y, al mismo tiempo el modelo a imitar fuera de la realidad divina.
Para la Cristología franciscana, estudiada por san Buenaventura, el Dios Trinidad en su comunicación Ad Extra, actúa de forma que el Padre crea según la ejemplaridad, fuente primera, en y por su Verbo, en el éxtasis de amor que es el Espíritu Santo. El Padre por el Verbo y en el Verbo la riqueza de su ser. Por ello  al Verbo le corresponde la posición  central entre Dios y el mundo creado, constituyéndose así en el modelo ejemplar  y  autentico entre Dios y el mundo creado por El.
Dada la función mediadora del Verbo, le corresponde reconducir al hombre y al mundo a su principio divino, o sea, la de reconciliar todo con Todo Dios, que es el Único Bueno y el Amor eterno.
La Encarnación es acontecimiento Redentor en cuanto que el Verbo de Dios se constituye  en medio entre la vida trinitaria y mediador de la creación. Toda esta Cristología deja entrever que la mediación del Verbo es el horizonte de sentido que hace ver la creación con sensibilidad, con relación contemplativa; es un hecho que devuelve al mundo creado una vocación natural: la del Jardín, es decir, espacio en el cual se contempla a Dios bajo los vestigios de su ser dejados en medio de la creación toda.
 
4.2.2.1.1.   La vida histórica de Jesús: ejemplo de la acción redentora del Verbo en la carne
 
Siendo la Encarnación eje fundamental de la cristología franciscana planteada por Buenaventura, Jesucristo es el modelo ejemplar de relación de los hombres con Dios, de los hombres entre sí, y de los hombres con la obra de la creación. Jesús es el modelo de una  vida humanamente auténtica, puesto que en ella se ha encarnado la realidad Divina.
Buenaventura considera en su integridad a Jesucristo como el Misterio de Salvación, no   sólo para la humanidad sino para toda la creación. Salvación que se ha desplegado a lo   largo de la historia por el acontecimiento de la pasión, muerte y resurrección. Los dichos y hechos de Jesús ponen de relieve la humildad de Dios, la minoridad (Servicio), la pobreza, pero sobre todo la Kénosis, es decir, al abajamiento salvador de Dios como acontecimiento cósmico, total, de ahí el cristocentrismo atento de su pensamiento teológico.
Ya que Jesucristo es considerado vital para toda la Creación, su muerte y resurrección es  don de amor sin reservas, por ello lo llama Siervo de la Cruz, para la redención del todo, inclusive de nuestro cuerpo, puesto que la resurrección de Jesús es el ejemplo que estimula  la esperanza y la salvación integral del Cosmos.
4.2.2.1.2.  Cristo es el centro y el culmen de la Creación
 
 
Jesús Resucitado es el centro y el vértice de todo el proyecto salvador de Dios. El Verbo encarnado, crucificado y resucitado es la base del pensamiento  cristológico  planteado desde la experiencia franciscana. El Doctor seráfico san Buenaventura sostiene que Jesucristo es el centro de la realidad, del pensamiento y del actuar. El Jesús pobre, humilde, peregrino, siervo, cargando la cruz, ahora el Señor glorioso, presente en la historia bajo la Palabra, la Eucaristía y la Iglesia sostiene el amor de Dios a los hombres, por ello es el centro.
 
En cuanto a su vértice, Cristo es el medio por el cual se logra la redención del hombre y del cosmos. Su Kénosis revela la presencia Divina en la historia del hombre, su culmen está en tanto Cristo se constituye Testimonio Bueno, Verdadero y Amoroso del Dios para los hombre y para la creación.
Es obvio considerar la dimensión cósmica del acontecimiento Jesucristo, pues Él es centro   y meta del cosmos. Toda la cristología franciscana pone en actualidad constante la relación entre Cristo y la Creación, amplia el valor significativo del Cosmos pues lleva en sus entrañas los vestigios de Dios, constituyéndose en partícipe de la redención y  compañera  del hombre en el camino de hacia la Gloria del Señor Resucitado.
Este pensamiento de la Escuela Franciscana acerca de Jesucristo como Centro y Vértice de  la historia de la Salvación tiene una compresión también en el campo de la moral y de la estética. Para la Escuela Franciscana la vida histórica de Jesús señala expresamente, sine glossa la actitud de los hombre para con Dios, entre ellos mismos y con la creación. A la escuela franciscana la mueve el hecho de la Encarnación del Verbo, la vida pública de Jesús y su misterio pascual para el seguimiento, por ello toma muy en serio el valor praxico de la vida histórica de Jesús, convirtiéndose en norma real del pensamiento y de  la existencia  para todo cristiano.
4.2.3. Moral Franciscana
 
 
Las costumbres que se han desbordado desde la misma experiencia de Francisco de Asís y  de la Teología que se ha desarrollado en torno al pensamiento y la vida del franciscanismo son muy elocuentes en cuanto al tema central de esta investigación.
La ética franciscana tiene la prioridad del hacer el bien, puesto que Dios mismo es el Bien Supremo. Para la cosmovisión ética franciscana, la teología misma es sabiduría, ya que las verdades reveladas que se exponen en el discurso teológico estimulan no sólo la fe, sino el
 
amor con sus frutos. El Doctor seráfico San Buenaventura  sostiene que Cristo  es el punto  de partida de la moral ya que “…toda criatura viene de Dios y de Cristo y vuelve a Dios siguiendo los ejemplos de Cristo. La moral es, pues, un itinerario de la mente a Dios: Dios  es el fin al que tiende la voluntad informada por la caridad, que es absolutamente necesaria para que la acción pueda ser buena y meritoria”.24
Para que las acciones san buenas y meritorias “el ejemplo de Cristo es lo fundamental, de  ahí que el ejemplarismo cristológico, el primado de la caridad y el voluntarismo son los puntos clave de la doctrina mora bonaventuriana”.25 Puede entonces decirse que la Escuela Franciscana orienta toda su Teología a la práctica del bien, en plena libertad de respuesta y responsabilidad moral con el horizonte puesto en la bienaventuranza.
Ahora explicamos las líneas de fuerza de la moral y ética franciscana ya que ésta investigación no pretende ser una introspección profunda de la ética franciscana si no, más bien, presentar lo vinculante y general de la escuela teológica de manera que explique los puntos relevantes para dar paso al compromiso moral desde la Escuela Teológica Franciscana.
Una de las primeras líneas de fuerza que se explican en la Teología Franciscana es la reflexión académica de la moral, ya que el contexto naciente de esta reflexión se refuerza    en mantener un legado parenético y de la Teología Moral; la fe le da a la moral el contenido para reflexionar, por ello, dentro del contexto teológico del franciscanismo, la fe está insertada dentro de un mundo vivo y lleno de relaciones cotidianas, esta posición lleva a la necesidad de reflexionar e iluminar con conclusiones actuales y pertinentes las actitudes   que exige la fe, puesto que la Teología consigue bajo la academia tejer una coherencia entre el creer y lo que hay que vivir.
24 Cf. MERINO, José A. y MARTÍNEZ F. Francisco. Manual de teología franciscana p. 416
25 Ibíd., p. 416
 
En segundo lugar, la moral propuesta por la Teología franciscana  está  fuertemente  inspirada en las Sagradas Escrituras. Dentro de la Iglesia, san Francisco es uno de los promotores de la renovación evangélica del siglo XII, es decir, la vuelta a la Palabra del Evangelio, sine glossa. En todo el modelo moral, la Sagrada Escritura constituye  un  anuncio de la Buena Noticia que invita al ser humano a dirigirse hacia Dios, el ideal que supera todo perfeccionismo humano. En este sentido, puede afirmarse que la Sagrada Escritura presenta una concepción moral fundamenta, contiene un conjunto doctrinal y da una orientación de vida para todo ser humano, ya que Palabra de Dios no es un recetario de leyes sino que encierra un sentido humano-divino, porque Cristo es la plenitud de todo lo humano. La Palabra es un Evangelio que libera a todo ser humano de la obligación legal.
El aliento  moral bíblico es el núcleo y el criterio  normativo de la ética franciscana, siendo  el Evangelio la norma de vida para quien acoja en su horizonte de sentido el estilo de vida propuesto por Cristo y seguido en su radicalidad más bondadosa por san Francisco de Asís. En este conjunto de aplicaciones morales y éticas desde el evangelio, la praxis de Jesús de Nazaret (dichos y hechos) es obligada referencia y fuente de imitación.
En tercer lugar la moral desde la propuesta franciscana es completamente cristocéntrica,   esto quiere decir que Jesucristo establece un nuevo paradigma de ley, de alianza, de encarnación de la propuesta salvífica de Dios y la respuesta perfecta y total del ser humano. El cristocentrismo moral de la teología franciscana desafía con la mirada todo, puesto que CRISTO es el depositario único de la ciencia, del conocimiento y de la vida perfectamente humana según Dios.
 
De todo esto, la mirada a Cristo como Maestro y Camino se configuran en la vida moral   a partir de:
 
  1. Cristo es el ejemplar deseado de conocerse, puesto que es el arquetipo de las relaciones comunitarias, y desde esto el modelo o ethos perfecto dialogal entre Dios y el hombre. En esta situación de praxica, las enseñanzas de Jesús se disponen para que el ser humano se construya por la gracia, la fe y el amor en persona con dignidad humana que vive al lado  del Maestro
  1. Cristo es el Maestro de vida, de la benevolencia y de la esperanza, estas tres virtudes acompañan al discípulo, quien es el testigo fiel que se inclina por los gestos de quien le enseña, o sea, el discípulo que se inclina a una opción por el más débil y necesitado, el pobre, con la actitud fundamental del servicio al
  1. Cuando es Cristo como Camino en la vida moral del discípulo, se está comunicando al Verbo como itinerario obligado del hombre hacia Dios, ello implica que aquel que  peregrino que desea hacer el itinerario hacia Dios, Cristo le enseña un comportamiento  moral responsable y libre se sus actos. Por ello se debe discernir desde Cristo entre los caminos que tomamos para llegar al Padre, de ahí que la Palabra sea la proclamada por el Maestro, o sea el Evangelio, que lleva entrañablemente la experiencia del camino de Jesús  de
  1. Desde una conducta moral responsable, la tradición franciscana llama constantemente a los discípulos a la conversión, entendida como discernimiento en su más excelencia; la vida discernida y llevada bajo la guía del Maestro entrará en el itinerario moral, por ello  podemos decir que la moral franciscana es una ética del itinerario, ya que “se presenta   como caminar silencioso del hombre hacia la trascendencia…es un movimiento de la mente
 
hacia la revelación, hacia un encuentro de relación y diálogo entre el creador y la  creatura”.26
A estas alturas hemos llegado al punto integral de la mora franciscana: el seguimiento de Cristo. El seguimiento necesita erigirse en comunión con la Iglesia de Cristo, puesto que es en la comunidad de los discípulos donde se da el primer testimonio en conformidad con los actos y actitudes de Cristo: “Los actos y las actitudes de Cristo posibilitan en las personas saludables ejemplos de vida y de comportamiento, necesario para un perfeccionamiento moral integral”.27
La presencia del discípulo dentro de la comunidad caminando en el itinerario bajo la guía  del Evangelio le hace capaz de amar y conocer la Luz de la Verdad, es decir, manifestar humanamente su relación amable e imitable de su amor al Sumo Bien, al que es TODO BUENO.
En fin, la iglesia, dentro del pensamiento moral franciscano, actúa como modelo  atractivo  de amarle y comunicarle, ya que es la presencia de Cristo y el eco de la predicación de su Reino. Seguir a Cristo, es vivir como El, amar como El, pero  sobre todo  comunicar el  Reino que será de una u otra forma posesión y expresión de la vida misma de Dios dentro   de los hombres. Lo moral está en la dignidad del oficio de caminar el itinerario con las actitudes de fraternidad, minoridad, servicio y observancia del Evangelio,  todo  ello  ayudado por la fe, la esperanza y la caridad, que serán raíz de los  comportamientos  humanos del discípulo.
26 Ibíd., p. 422-423
27 Ibíd., p. 423
 
4.3. DIRECTRICES TEOLÓGICAS DE LA ECOLOGÍA FRANCISCANA
 
 
“El ser humano vive éticamente cuando dice estar sobre los otros para estar junto a los otros. Cuando se hace capaz de entender las exigencias del equilibrio ecológico, de los seres humanos con la naturaleza y con otros seres humanos, y en nombre de tal equilibrio impone límites a sus propios deseos. El no es, tan sólo, un ser de deseos; sino también de solidaridad y de comunión. Cuando asume la función/vocación de administrador responsable, de ángel de la guarda y celador de la
creación, entonces vive la dimensión ética inscrita en su ser. (Leonardo Boff)”
4.3.1.  San Francisco de Asís y la Ecología
 
 
San Francisco es un referente indispensable en la reflexión ecológica del mundo occidental. Su vida estuvo marcada por un pan-en-teísmo28 místico y profético. Todas las criaturas le impulsaban al amor divino porque exultaba en cada una ellas las obras de las manos del Señor.
Para él “la creación era un alegre espectáculo de cosas bellas que reflejaban al sumamente hermoso. En las criaturas buscaba a su Amado, porque ellas como una escalera para subir hasta Aquel que es todo deseable. Degustaba la bondad originaria de Dios  en  cada una de las criaturas, y era capaz de percibir el concierto celestial en la armonía del universo. Llamaba a las criaturas todas – por más pequeñas que fueran – con los nombres de hermano  o hermana, pues sabía que todas ellas tenían con el un mismo principio.” 29
Para el Santo de Asís, la realidad entera, participante de idéntico origen y dignidad, estaba a su misma altura, todas las creaturas, sin distinción, recibían el nombre de hermanas, inclusive el hombre leproso en su carne o en sus ideas, el hereje o infiel.
Y lo mismo hacía con las mieses y las viñas, con las piedras y las selvas, y con todo lo bello de los campos, las aguas de las fuentes, la frondosidad de los huertos, la tierra y el fuego, el
28 Este termino esta acuñado por Leonardo Boff en su obra Ecología: Grito de la tierra, grito de los pobres para significar la conciencia que tiene la Teología actual de la experiencia de Dios en el mundo, en la creación propiamente dicha. Este enfoque de pan – en – teismo adquiere el significado de que todo no es Dios, sino Todo en Dios y Dios en todo.
 
aire y el viento, invitándoles con ingenua pureza al amor divino y a una gustosa fidelidad.  En fin, “a todas las criaturas las llamaba hermanas, como quien había llegado a la gloriosa libertad de los hijos de Dios, y  con la agudeza de su corazón penetraba, de modo eminente  y desconocido a los demás, los secretos de las criaturas.”30
“Caminaba sobre las piedras con gran temor y reverencia, y cuando se preparaba leña para  el fuego decía que nunca se cortase el árbol entero, sino que se dejaran algunas ramas íntegras.”31 “Su amor se derramaba afectuoso sobre hombres que sufrían necesidad, sobre  los mudos y brutos animales, reptiles, aves y demás criaturas sensibles e insensibles.”32 “El mismo amor ferviente que lo elevaba hacia las realidades divinas, se convertía en afectuosa bondad por la que estrechaba en dulce abrazo a todos los seres, hermanos suyos por naturaleza y gracia.” 33
Francisco reza con una ovejita que cuando oía cantar a los hermanos en  el coro, también  ella entraba en la iglesia y, sin que nadie la hubiese amaestrado, doblaba sus rodillas y  emitía un suave balido ante el altar de la Virgen, Madre del Cordero34. Predica a las aves rogándoles con inmenso gozo y humildad que tuvieran a bien escuchar la palabra de Dios. Exhortaba empeñosamente a todas las aves, a todos los animales y a todos los reptiles, e incluso a todas las criaturas insensibles, a que loasen y amasen al Creador, ya que comprobaba a diario la obediencia de todos ellos al invocar el nombre del Salvador.35
“Esta sintonía con las creaturas hacía que hasta los animales sintieran, en cierto sentido, afición por él y que hasta los seres inanimados obedecieran a sus deseos. Francisco fue de nuevo el hombre primordial del designio divino.”36 Una vez estando Francisco en un
29 LM 8, 5; 11.10
30 1Cel 81.
31  EP 118
32  1Cel 77
33  LM 9.4
34  LM 8.7
35  1Cel 58
36 LMn 3.6
 
eremitorio, un halcón que había anidado en el lugar entabló estrecho pacto de amistad con  él. El ave le avisaba cantando y haciendo ruido, la hora en que el Santo solía levantarse a la noche para la alabanza divina. Pero, buen amigo y  hermano cuando Francisco no estaba  bien de salud, el halcón le dispensaba de maitines y los despertaba recién por la mañana.”37
Para Francisco el espejarse de Dios en cada cosa no es teoría sino praxis, es una manera de actuar frente a las cosas creadas. “Tampoco le gustaba que se apagaran las velas, las lámparas o el fuego, como suele hacerse cuando es necesario: tanta era la ternura y piedad que sentía por el fuego. Ni quería que el hermano arrojara, como se hace muchas veces, las brasas o tizones, sino que los dejara delicadamente extendidos sobre la tierra, por respeto de Aquel de quien es criatura.”38
Es por eso que las cosas creadas también los respetan, fraternalmente. Para finalizar. Describimos el diálogo entre Francisco y el hermano fuego cuando le  cauterizaron  las sienes buscando aliviarle el mal de sus ojos: Llamaron al cirujano, el cual, tan pronto como vino, puso al fuego el instrumento de hierro para realizar el cauterio. Mas el siervo de  Cristo, tratando de confortar su cuerpo, estremecido de horror, comenzó a hablar así con el fuego, como si fuera un amigo suyo: «Mi querido hermano fuego, el Altísimo te ha creado poderoso, bello y útil, ¡Muéstrate propicio y cortés conmigo en esta hora! Pido al gran Señor que te creó tempere en mí tu calor, para que, quemándome suavemente, te pueda soportar». Terminada esta oración, hizo la señal de la cruz sobre el instrumento de hierro incandescente, y desde entonces se mantuvo valiente. Penetró a todo crujir el hierro en aquella carne delicada, extendiéndose el cauterio desde el oído hasta las cejas. El mismo Santo expresó del siguiente modo el dolor que le había producido el fuego: Alabad al Altísimo –dijo a sus hermanos–, pues, a decir verdad, no he sentido el ardor del fuego ni he
 
 
 
37 Cel 168
38 LP 86
 
sufrido dolor alguno en el cuerpo. Y dirigiéndose al médico añadió: «Si no está bien quemada la carne, repite de nuevo la operación».39
Todo este ramillete de experiencias al lado de la creación ponen a Francisco de Asís como verdadero hermano. Es la prueba de su poetismo religioso, máxime si ha vivido la  Paternidad Divina como algo real y no sólo una idea teológica y racional del pensamiento.  El Pobre de Asís es la muestra clara de la conducta llena de piedad y devoción, o sea, amor  y reverencia por la creación, éste es el punto de donde despega un primer criterio de la escuela franciscana para alzar su voz profética frente al maltrato y alienación de la creación por parte del hombre. Porque toda la creación, es decir, el universo todo incluyendo los hombres tenemos un Padre común que lo conoce todo y lo penetra todo, por ello la creación está gimiendo, pues el pecado y la desgracia la cubren de ignominia, ella ahora desea verse libre de toda corrupción, compartiendo fraternalmente la redención de Cristo.
4.3.2.  La Cosmovisión Franciscana de las criaturas
 
 
Desde la experiencia de reverencia y fraternidad con las criaturas tenida por el santo de  Asís, la Escuela Franciscana elabora una cosmovisión fundamental, en la cual los teólogos   y la filosofía construyen un camino que conduce hacia estos objetivos: ver, sentir y orar con toda la creación, no en el misticismo o sentimentalismo falso, sino en verdad y  en espíritu   al Altísimo, Omnipotente y Buen Señor.
Esta cosmovisión se ha construido desde san Buenaventura, ya que se empieza a notar en su itinerario la ansiedad por llegar a Dios y tener la experiencia de su Amor a través de  seguidas subidas, en busca de la armonía fraterna con la creación como un largo caminar entre espejos. Cada uno y todos los seres del universo forman las páginas de un libro
39 Lm 5.9.
 
 
 
 
 
 
llamado Universo. Páginas que no están escritas con letras sino con imágenes, figuras, vestigios; así pues el universo es espejo, contiene los vestigios de su Creador.40
El objetivo de la Teología franciscana está puesto en gozar de Dios, al cual se llega a través de un itinerario. Se comienza por los espejos de Dios en el universo, luego de pasar a contemplar los espejos del mundo sensible, se pasa a los espejos del hombre  interior, imagen especial de Dios, subiéndose luego al espejamiento producido por la acción de Dios en el hombre, hasta hundirse en la realidad misma de Dios.
Pero se comienza en el primer escalón: el mundo sensible, porque resplandece el poder y sabiduría sumos de Dios en las cosas creadas, todas y cada una de ellas son vestigio del Sumo Bien en los cuales podemos contemplar su amor espejado en la infinidad de cosas todas hermosas y deleitables y todas ellas nos llevan, con la mano, a la contemplación de Dios.
Todas las cosas existentes son vestigios que nos permiten llegar a ver el rostro de Cristo, única imagen verdadera reflejada en todos los espejos de la creación. Jesús es el espejo que refleja a Dios y a toda criatura.
La segunda escala está dentro del hombre mismo y le permite ver en su interior la resplandeciente imagen de la Santísima Trinidad. Por más que en espejo y como en enigma, el interior del hombre nos permite contemplar el mismo misterio Uno y Trino de Dios. En   el espejo de su interioridad más profunda el hombre descubre la imagen de su origen Uno y Trino.
Dado que el hombre fue hecho a imagen de Dios, en el hombre contemplamos al que es por su naturaleza imagen de Dios invisible y hombre perfecto. En Cristo se espeja el primero y
40 Todo lo que sigue está entresacado el Itinerario de la mente a Dios, que me excuso de citar párrafo por párrafo.
 
el último, el principio y el fin, la causa y el efecto, en él se conjuga lo mínimo y lo    supremo.
Las imágenes de la mente tienen que estar tersas y limpias para  poder  reflejar  correctamente los vestigios divinos en la creación y, especialmente, para evitar quedar cegados por el sublime resplandor de Dios en las creaturas. De esta forma, creación e interioridad del hombre van configurando la relación fraterna para llegar a la contemplación del rostro de Dios. He aquí la segunda fuerza de pensamiento que tiene la teología franciscana para imbuirse en la cuestión ecológica.
Siendo la realidad del universo todo portador de la huella divina y considerando al hombre un ser que lleva por excelencia el hálito de la comunión trinitaria encuentra el Camino de Cristo, es decir, en el itinerario de la vida de Cristo el reflejo del Dios que los ha creado. Universo y hombre son en Cristo. Todas las creaturas, incluido el hombre ven en Cristo el rostro de su creador; por ello, la línea ecológica del pensamiento franciscano  está  constituida fundamentalmente como cristocéntrica. Es decir, Cristo es el  punto  de  encuentro fraternal entre el cosmos y el hombre. El itinerario planteado por la reflexión teológica franciscana desea que se fraternice toda la creación en Jesucristo, pues Él es el primogénito de toda criatura, es el primero en todo…por Él fueron creadas todas las cosas…todo fue creado por Él y para Él. Porque en Él quiso Dios que residiera toda plenitud, así del cielo como de la tierra.41
 
Todo este camino itinerante de fraternidad tiene el horizonte de la contemplación afectiva,  ya que se exige unción, devoción, admiración, jovialidad, amor, humildad…para con toda la creación. Nada puede descubrirse en el espejo de la realidad sin el amor apasionado del amante en la Cruz. Si Cristo es el punto de fundamento, la Cruz será el escenario donde la creación: universo y hombre, quedan sumergidos en la realidad divina, pero no sólo es la
41 Cf. Col 1, 12-20
 
muerte, sino que el Misterio Pascual de Cristo es el momento de devoción y jovialidad, es   el escenario propicio de fraternidad entre toda la creación, ya que este mismo Crucificado nos regala al Espíritu Santo que al fin del itinerario transforma al hombre en hijo de Dios y hermanos de toda la Creación.
4.3.3.  La Cristificación del Cosmos
 
 
La razón y el motivo de la creación son idénticos a los de la razón de la encarnación: el  amor infinito de Cristo y de toda la creación por Cristo. El primado de Cristo es la razón primera y razón final de toda la creación. El primado de Cristo destinado a ser el principio,  el jefe de la humanidad asumida en él para amar a Dios con un amor infinito.
Cristo Jesús, es la primera criatura y la obra maestra de Dios, es, como causa final de una creación libre, prevista en todo estado de causa e independientemente de todo mérito o de toda caída, como “primer nacido” de toda criatura. “Primer nacido” por ser fin y razón de todas las demás, sin la cual nada hubiera podido ser hecho. Este Cristo primer nacido,   centro y fin de toda la creación, este Cristo es el Rey del Universo. La fraternización del universo es el primer objetivo y resultado del proyecto de la encarnación del Verbo de    Dios.
La creación encuentra, por lo tanto, su fin y su coronamiento en Cristo: por Cristo, Dios recibe un amor infinito de parte de toda la creación de la cual él es la coronación suprema. Dios quiere el mundo sensible para el hombre. No sólo el primado absoluto de Cristo no excluye que el sea el coronamiento de la creación, sino que él incluye de hecho del retorno de todo el universo a Dios por medio de Cristo. El beato Duns Escoto está en la línea de san Pablo que ve el universo en dolores de parto de Cristo que lo resume en él para llevarlo a Dios.
 
Toda la realidad ha sido divinizada en virtud y desde su origen. Toda la realidad ha sido proyectada por el Padre Dios teniendo a su hijo eterno como modelo y ejemplo.
Para Duns Escoto, “no sería conveniente que la piedra, o no importa qué creatura no racional, sea asumida por el Verbo: solamente la creatura en potencia al infinito puede ser elevada al infinito por participación, y, por lo tanto, a la participación de la naturaleza   divina y de la bienaventuranza. Esta potencia al infinito no existe sino en la  creatura racional: la bondad de Dios se participa de modo muy diverso en las diferentes creaturas.”42
4.3.4.  La tarea franciscana de la ecología
 
 
Evidentemente la teología franciscana lleva consigo el compromiso de la justicia, de la paz   y de la salvaguarda de la creación, no sólo por convicciones anteriormente expresadas, sino por el legado histórico y teológico que ha ejercido en el campo de la solidaridad, la fraternidad y el testimonio de Cristo pobre, humilde y crucificado.
En el campo de la ecología propiamente dicho, su atrevimiento expreso está en la defensa y  a la propuesta profética de convivencia fraterna con la creación se notó cuando el Papa Juan Pablo II declara a San Francisco de Asís patrono de la Ecología43. Pero en realidad, esta congratulación que de la familia franciscana se hace evidente cuando da cuenta de una voluntad de Cristo: “Sean uno, como mi Padre y yo somos uno”.
La unidad de los hombres con Dios y de los hombres con la creación está expresada en la fraternidad propuesta por el carisma dejado por el santo de Asís. Por ello, este aparte de la investigación trata de mirar los campos específicos en los cuales la herencia teológica del franciscanismo hace hincapié para la salvaguarda de la creación. No son únicamente éstos sino que nos parece fundamental plantear la cuestión ecológica desde el franciscanismo
42 BÓRMIDA, Jerónimo. Visión franciscana de la justicia, la paz y la Ecología. En: Cuadernos Franciscanos. 1991. Nº 96.
43 Bula Inter Sanctus. Por la que se nombra a San Francisco de Asís patrono de los ecologistas.
 
para estos espacios de reflexión y de acción con las directrices franciscanas respecto de la ecología.
4.3.4.1.   Eco-política Franciscana
 
 
El mensaje que los franciscanos tendrían que dar a los políticos que trabajan por instaurar   un nuevo orden mundial, a los economistas que quieren imaginar una nueva economía a escala humana, a los ambientalistas que apuestan por mejorar la calidad de  vida  del  hombre, a los preservacionistas que bregan por conservar las especies en extinción, especialmente la del ser humano, a los pastoralistas que quieren construir una iglesia más evangélica a todos ellos, el anuncio primero, fundante: comenzar por revisar a fondo la  teoría y el ejercicio de la propiedad y del poder.
Esto no trata de resucitar propuestas más o menos fracasadas a lo largo de la historia, inclusive reciente, tales como abandonar la propiedad privada para apoderarse colectivamente de los bienes de la tierra sino, más bien, de poner en tela de juicio la  voluntad dominativa del hombre moderno, sea como persona, sea como colectividad.
No es un discurso idealista, sino que se aplica una clave de lectura franciscana a problemas muy actuales y concretos: la pobreza. No estamos elaborando propuestas técnicas, sí diciendo presupuestos, llámense éticos, a toda propuesta que realmente quiera mejorar las relaciones con el mundo de las criaturas. La pobreza de los bienes tiene una traducción muy clara en estos últimos días: La solidaridad.
 
El camino de salvación para el mundo natural de hoy comienza cuando los hombres son solidarios. La revelación divina dada en el Verbo hecho hombre-pobre-sin-propiedades-sin- dominio, anunciador del hombre perfecto en el mundo acabado, indica un  camino  ineludible al hombre del futuro: Dios se solidarizó con el hombre para enseñarnos a vivir la COMUNIÓN. Éste es el objetivo de la propuesta franciscana: que los hombres compartan
 
su riqueza, como lo enseñó Cristo y lo predicó San Francisco de Asís, y lo sostiene la Teología Franciscana.
Francisco fue declarado Patrono de los Ecólogos, y no entenderemos la propuesta ecológica de Francisco de Asís si no examinamos seriamente las consecuencias para el presente de su renuncia radical a toda propiedad, privada y comunitaria de las cosas creadas, animadas e inanimadas, hombres y animales, fieles e infieles: esto es el fundamento de la Comunión solidaria, que es fuente de la convivencia con la creación, puesto que ella también es partícipe de los bienes de allá arriba.
Ahora, cómo hacer este principio teológico praxico, pues respondiendo a preguntas claves como: ¿Qué tipo de sociedad querremos? ¿Cuál es la relación que debe emerger con la naturaleza a partir de la solidaridad? En primer lugar la propuesta franciscana de la solidaridad radica en la renuncia al paradigma de desarrollo ilimitado, pues es lógico que ellos también tienen su punto de agotamiento. En segundo lugar aplicar un modelo social ecológicamente aceptable y por supuesto que genere calidad de vida y comunión entre los pueblos.
4.3.4.2.   Eco-ciencia Franciscana
 
 
Partimos del mismo modelo de desarrollo anterior, pero desde la perspectiva científica y tecnológica. La ciencia es una herramienta para el hombre que hace ver y sentir la  naturaleza en su estado más auténtico. Sin embargo, los recursos renovables y  no  renovables tienen fecha de vencimiento. San Francisco no era científico ni mucho menos técnico para su época, pero adecuó muchas de sus experiencias a la construcción de fraternidad con el mundo natural.
 
La ciencia moderna está dedicada a la sobre-explotación de los recursos para mantener el sistema, un sistema de vida que tarde o temprano decaerá y empezará a desmoronarse. Pero
¿Qué pretende la Ecociencia para la Teología Franciscana? El fundamento teológico es el servicio. La ciencia moderna a estos niveles de avanzada tiende a buscar un paradigma de desarrollo que preserve el medio ambiente y a reducir los niveles de contaminación. El servicio es una opción de desarrollo para los niveles actuales de maltrato ambiental. En la Escuela teológica del franciscanismo, Cristo es el modelo del servicio, pues El se anonadó para ser servidor de todo, inclusive de la misma creación, pues todo lo creado participa de   la salvación y redención, ahora, la ciencia está al servicio de Cristo para restaurar cada vez más la indulgente pasión que vive la creación a causa del pecado de egoísmo y derroche del hombre moderno.
En horabuena, la ciencia es una herramienta más para que se restaure un poco  el derroche  de los bienes terrenales. Cristo quiere una ciencia que esté al servicio de todo, del hombre,  de la naturaleza, de toda la creación, una ciencia que lave los pies de tantos seres que sufren y gimen como con dolores de parto esperando sólo un gesto de SERVICIO.
Los modelos actuales de desarrollo tecnológico lo están haciendo de la mejor manera, ya  que se han generado instrumentos técnicos que filtran gases venenosos, reducen la contaminación de fuentes de agua y aire, pero es un camino que debe profundizarse para ir poco a poco acabando con el desequilibrio ambiental.
4.3.4.3.   Eco-ética Franciscana
 
 
Las actitudes franciscanas de solidaridad y servicio no son mera demagogia, en verdad representan los caminos de restauración del medio ambiente natural, pero todo ello es falso  si de fondo no fluye una ética y una moral fundamental, una opción u horizonte de sentido. Para la Teología franciscana la moral está hecha en Cristo y la ética está hecha bajo las santísimas palabras de Nuestro Señor Jesucristo.
 
Bajo este paradigma veamos cuál es la propuesta del franciscanismo. Ya que San Francisco propuso un modo de estar en medio de la naturaleza, y ese fue la fraternidad universal, la escuela de los hermanos menores las desarrolló bajo este mismo concepto: La Fraternidad   es el tercer propósito de acción que se sigue.
La praxis fraterna de la ética franciscana corresponde a muchos aspectos de la vida misma. Los seres de la naturaleza son hermanos en cuento que tanto ellos como nosotros gozamos  de una misma Paternidad. Tenemos una misma fuente de origen, tenemos un solo creador; fuimos redimidos por un mismo Señor, contenemos todos los seres un mismo hálito divino.
Desde la perspectiva franciscana, las acciones con los demás conducen a la comunión, y  todo ello se practica en el servicio a toda la creación. En el franciscanismo, tanto los seres animados como inanimados, junto con los hombres, participan del amor de Dios Padre, de   la humildad y servicio de Jesucristo y, por su puesto, de la acción santificadora del Espíritu.
Pero ¿Cuál es el principio orientador de esta ética?: Es Bueno todo lo que conserva y promueve a los seres” tanto los presentes como los del futuro, pues ellos también participarán de redención gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo. Por ello, es posible hablar para los franciscanos de los derechos de las futuras generaciones, ya que hacen  de  la historia su sentido más integral, no son ilusorios los que vendrán después de nosotros, son   la realidad más cercana, por ello son hermanos y coherederos de los bienes,  tanto  temporales como divinos.
 
5.  METODOLOGÍA DEL TRABAJO
 
 
  • Línea de investigación
 
 
En el presente trabajo de investigaciones asumió la línea investigativa sobre el pensamiento franciscano y el pensamiento postmoderno, ya que abarcamos el análisis de la situación contemporánea de la ecología y los problemas medioambientales haciéndolos lugares teológicos preferentes para la Escuela Teológica Franciscana. De esta manera se logra confrontar la reflexión ecológica con el pensamiento teológico franciscano, buscando las propuestas de pensamientos y de acción con base en la reflexión teológica del franciscanismo.
5.2.  Tipo de investigación
 
 
Este plan de investigación se impulsa desde el estudio descriptivo del objeto de estudio: la ecología. Ahora, desde el punto de vista propio del proceso de investigación del presente trabajo, se ha explorado el tema ecológico descrito y comparado en sus distintas propuestas para luego proyectar esté objeto de estudio bajo la lente teológica del franciscanismo, seleccionando de manera descriptiva las cuestiones fundamentales de la teología  franciscana.
5.3.  Proceso seguido en la investigación
 
 
Con base en al tipo de investigación asumido, se llevaron a cabo los siguiente pasos:
  1. Recolección del material escrito en torno al problema ecológico contemporáneo, haciendo la descripción respectiva de la situación problemática que vive el mundo natural y las sociedades humanas con el objetivo de precisar y delimitar el tema de
 
la ecología. Se analizaron las distintas corrientes medioambientalistas y ecológicas comparándolas y evidenciando sus similitudes.
  1. Teniendo en cuenta que la Ecología es un tema de actualidad para la Teología se recolectaron los documentos escritos del pensamiento franciscano en torno a la ecología, no sin antes revisar y analizar los fundamentos planteados por la escuela franciscana en torno a la Creación, la Antropología, la Cristología y la Ética.
  1. Obteniendo los resultados de análisis del evento ecológico y describiéndolo como nuevo lugar teológico, se desarrolló las síntesis del tema aplicando el método de interpretación, comparación y análisis desde la Teología franciscana, es por ello que construimos en este paso la definición del pensamiento franciscano sobre la Ecología.
  1. Concebido desde el punto de vista analítico tanto de la ecología como de la  Teología franciscana, se decide dar en forma de lineamientos la propuesta franciscana para reflexionar la Teología de la Ecología.
  1. Estas conclusiones interactúan con la pedagogía franciscana para integrar y  proponer un espacio de estudio y reflexión de la problemática ecológica desde la teología franciscana para la Facultad de Teología de la USB, Sede Bogotá. Es por ello que presentamos una propuesta pedagógica que ayude a la formación integral  del teólogo bonaventuriano dándole una herramienta útil para que su misión de formador sea evangelizadora y portadora de la salvación universal de
 
6.  CONCLUSIONES
 
 
Podemos afirmar que la ecología como ciencia reflexiva de los  acontecimientos  ambientales y de la relación del hombre con el medio que habita es tema inevitable de la teología actual, ya que las relaciones humanas se reflejan en las distintas formas de estar en un medio natural. La teología no es esquiva al problema medioambiental, sino que lo toma como punto de apoyo para generar la capacidad en el hombre de una actitud frente a la revelación de Dios como creador del mundo, del cosmos.
Siendo la facultad de Teología de la USB, sede Bogotá, un espacio para la reflexión y formación de personas integras, comprometidas con la salvaguarda de la creación, máxime  si su horizonte formativo está adherido al humanismo franciscano, se abre a la ecología como proyección de un campo para explorar e imprimir los fundamentos franciscanos con miras a la protección del medio ambiente y de la creación.
Para la Teología contemporánea el tema ecológico no debe tratarse como apéndice de los principales tratados de estudio sino que, apoyado en el lugar teológico de la ecología, abrir un espacio propio para aprender y defender el medio ambiente natural, máxime su la pedagogía franciscana exige un status para la creación, la justicia y la paz.
Ya en el terreno propio de los estudios teológicos, la ecología debe ya aparecer como tema inevitable dentro de la teología de la creación. No es capricho de  las  universidades modernas la investigación ecológica y medioambiental, sino una exigencia misma del  tiempo y del momento histórico. Por ello, esta investigación presenta la alternativa del estudio ecológico para la facultad de teología por ser hoy en día espacio de evangelización, lugar de diálogo y signo de los tiempos para el hombre y para la Iglesia de Jesucristo.
Desde la perspectiva franciscana, las diferentes corrientes de la ecología, junto con los desastres medioambientales no son mas que situaciones actuales que merecen respuestas
 
pedagógicas necesarias para la generación de la salvaguarda de la creación, puesto que todo cuanto está en este mundo y esta historia, es obra del creador y hermano y hermana para el hombre.
Desde la cosmovisión franciscana se promueve específicamente la defensa de los valores fundamentales para la protección del medio ambiente, sin embargo el franciscanismo tiene  la propuesta de la no propiedad como exigencia para la vida política y económica de los pueblos. Nos es demagogia decir que la vida en el mundo debe replantearse desde perspectivas más solidarias, una de ellas es la propiedad privada, ya que esta situación ha hecho que muchas personas posean más bienes temporales y menos conciencia de la vida humana, tanto de las suyas propias como de quienes son menos favorecidos con los productos de la tierra.
La teología franciscana propone una reforma ética para la protección de los  bienes  naturales, y lo hace con el fundamento de la salvación cósmica de Cristo. La salvaguarda de la creación no son los dados del azar, sino la exigencia más propia de esta historia presente. El franciscanismo propone el servicio de la solidaridad con la creación para mantener que Cristo es el único salvador y que la praxis de su evangelio está aplicado para toda la creación. La ética franciscana encamina su propuesta hacia la convivencia fraterna con el cosmos, no es el abandono dela naturaleza sino la utilidad de ella para el bienestar, pero sin someterla a la esclavitud, al egoísmo y al interés económico.
La propuesta de la teología franciscana de la fraternización del todo el cosmos tiene parámetros fundamentales que lo llevan al horizonte de sentido: la salvación en Cristo: el primero de ellos es el servicio, al más necesitado y a la naturaleza; el segundo de ellos es la comunión con el Dios, con los hermanos y hermanas, y con todo el cosmos, ya que el proyecto divino de salvación es ser todos en Dios, porque en él somos, nos movemos y existimos.
 
Esta cosmovisión franciscana conlleva a la formación integral, teniendo la ecología como ciencia transversal en el campo de la teología. La ciencia para el franciscano no  es  problema no obstáculo en la búsqueda de la verdad, es más, al estudio del franciscanismo    se le condecora por la exigencia misma de Francisco de Asís: “Es bueno que enseñes teología…pero sin perder el espíritu de la santa oración y devoción”. Estas palabras del pobre de Asís a su hermano San Antonio de Padua quedan claras: el estudio es formación, pero el estudio, la devoción y la oración es la formación integral más sublime por  excelencia.
El discurso del problema ecológico es la partida para llegar a la formación integral, actualmente tanto la bio-ética como el ecumenismo son discursos transversales que hacen parte del engranaje formativo de las universidades, pero es la ecología la acción transversal que une los problemas significativos del mundo contemporáneo; la ecología para el franciscanismo es la puerta de acción entre quienes defienden la vida y protegen las relaciones humanas.
Desde el punto de vista franciscano la protección de las relaciones del hombre con los otros deben genera la cultura que responda con eficiencia y solicitud a los problemas más recurrentes. En el campo de la política el franciscanismo plantea el servicio como herramienta de acción para la solidarización  y fraternización de todo  con todos. Quien  sirve es capaz de encontrar la mejores enmiendas a las diferencias y soluciones las dificultades que genera el desarrollo humano, social, económico y cultural.
Una realidad dentro de la ecología es la diferencia entre la fe y la ciencia. Sin embargo, las nuevas perspectivas del cosmos estudiadas por la ciencia han creación un acercamiento que facilita la compresión de la naturaleza, pero sobre todo de la vida misma. El franciscanismo es una escuela de ciencia, pero una ciencia que se ayuda con la fe, y trabaja par la verdad de la fe,   ya que sabe que la certeza de la ciencia es momentánea. La ciencia y la tecnología   del mundo contemporáneo son para el franciscano y más para el teólogo posmoderno y
 
latinoamericano una herramienta para la esperanza en la justicia, la paz y la salvaguarda de  la creación
La acción esperada para la ecología es sembrar la conciencia ecológica, una ética que dialogue con la política y la ciencia en procura de la visión holística de la vida y  del  cosmos. Esta propuesta del franciscanismo conlleva la consecución de un nuevo orden mundial, lleno de igualdades en el desarrollo ecológicamente sostenible. La ecología franciscana buscará siempre que se apliquen las acciones pertinentes en pro de la vida y de  la salvación del hombre y del Cosmos.
Por último, esta investigación halla en el franciscanismo una pedagogía desafiante de la cultura del poder, del desarrollo ilimitado; la teología franciscana cree en su mensaje del servicio a la creación, de los hombres y a Cristo, como sostenimiento de las relaciones humanas con el cosmos, ya que todo somos y pertenecemos a Dios y hemos obtenido de Él un evangelio de verdad, de amor, de justicia, de paz y de salvaguarda de la creación.
 
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