Rosario por el Aniversario de la Laudato Si’

y la Festividad de María Auxiliadora

 

“Es la Mujer ‘vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza’ (Ap 12:1). Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado. En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura.” Laudato Si’ 241

La Laudato Si’ fue firmada por el Papa Francisco el 24 de Mayo, cuando la Iglesia celebra la Festividad de María Auxiliadora. Esta es una hermosa oportunidad para meditar sobre María como “Madre y Reina de todo lo creado.” (Laudato Si’, 241).

REZO DEL SANTO ROSARIO

Hacemos la Señal de la Cruz

  1. Rezamos el Acto de Contricción
  2. Rezamos los 5 Misterios conforme al día. En cada Misterio:
    • Citamos el Misterio
    • Leemos la meditación
    • Rezamos 1 Padre Nuestro
    • Rezamos 10 Ave Marías
    • Rezamos 1 Gloria
    • Rezamos la jaculatoria María, Madre de ..
    • Rezamos 1 Oh, Jesús mío …
  3. Rezamos un Salve
  4. Rezamos un Ave María por la Iglesia
  5. Rezamos un Ave María por el Papa
  6. Rezamos un Ave María por nuestra intención
  7. Rezamos el Credo

MISTERIOS GOZOSOS

por Fray Eduardo Agosta O. Cam.

PRIMER MISTERIO: LA ANUNCIACIÓN

 

«Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre, llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando donde ella estaba dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo…vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús»… Dijo María: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 26-28.31-38).

“Hágase en mí según tu palabra.”

Es la respuesta libre de la criatura ante el don del Creador; expresa disponibilidad y apertura para que acontezca el “milagro” a través del poder, la fuerza, del Espíritu de Dios. La creación, obra del amor del Creador, tiene sus leyes naturales que mismo Él mismo respeta: Dios no violenta la armonía natural presente en su obra de amor. Sólo la libre voluntad de la criatura humana, que se hace disponible al querer de Dios, posibilita el cambio en la historia de las cosas. Hoy, las mociones del Espíritu de Dios suscita en nosotros la consciencia de tener que dar un “Sí” generoso, y a veces con sacrificio, a fin de preservar y cuidar la armonía de la creación. Como dice el Papa Francisco:

“… sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común.” (LS 13). “ … el ser humano todavía es capaz de intervenir positivamente. Como ha sido creado para amar, en medio de sus límites brotan inevitablemente gestos de generosidad, solidaridad y cuidado” (LS 58).

Seamos, entonces, anunciadores de que “un cielo nuevo y una tierra nueva” (Ap 21,1) son posibles; portadores de esperanza, movidos por el Espíritu; testigos de cambio. Tenemos el gran ejemplo de María.

SEGUNDO MISTERIO: LA VISITACIÓN

 

«En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y en cuanto oyó Isabel el saludo de María…quedó llena del Espíritu Santo» (Lc 1, 39-41).

“Se levantó y fue con prontitud”.

María, que vive la experiencia del Dios viviente en su propio ser, nos muestra el valor esencial de las relaciones y de la comunicación en el dinamismo de la creación. La vida natural en la tierra sólo es

posible por el establecimiento de relaciones armoniosas y comunicaciones saludables (ecológicas) entre cada ser vivo y el ambiente, y entre los seres vivos. También la Vida que conduce el dinamismo de la creación se transmite como fuerza espiritual con la palabra que se comunica: “oyó el saludo y quedó llena del Espíritu de Dios” que es la fuerza de nuestras fuerzas (cf. Is. 40,28-31).

El Papa Francisco nos recuerda que Dios ha impreso el dinamismo de la Santísima Trinidad en toda la creación, y nos insiste en que “todo está conectado” (LS 116, 91, 117, 138, 240). … “Esto no sólo nos invita a admirar las múltiples conexiones que existen entre las criaturas, sino que nos lleva a descubrir una clave de nuestra propia realización. Porque la persona humana más crece, más madura y más se santifica a medida que entra en relación, cuando sale de sí misma para vivir en comunión con Dios, con los demás y con todas las criaturas… Todo está conectado, y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad” (LS 240).

Seamos como María: prontos para comunicar la fuerza de Dios y transformar la creación.

TERCER MISTERIO: EL NACIMIENTO

 

José y María salieron de Nazaret hacia Belén y, «mientras ellos estaban allí se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre». (Lc 2, 6-7)

El inicio del Evangelio de Juan nos da una clave (Jn 1,1.3.9-11.14):

En el principio existía la Palabra… la Palabra era Dios… todas las cosas fueron creadas por ella … el mundo fue hecho por ella … En ella estaba la Vida … Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros …. En el mundo estaba … pero el mundo no la conoció.

Hoy todavía, podemos aceptar la Palabra que es luz verdadera que ilumina nuestras conciencias y nos hace caer en la cuenta de la necesidad de un cambio radical, de una conversión ecológica hacia el respeto de las criaturas, del cuidado de la casa común y de los seres más vulnerables y desfavorecidos de esta tierra, o bien, podemos mirar para otro lado e ignorar la realidad de las cosas, negando la luz de la verdad (la Palabra vino a su casa, y los suyos no la recibieron). La primera opción será nuestro Nacimiento. La segunda, nuestra muerte, que nos es opción, sino condena.

El Papa Francisco nos recuerda: “Dios, que nos convoca a la entrega generosa y a darlo todo, nos ofrece las fuerzas y la luz que necesitamos para salir adelante. En el corazón de este mundo sigue presente el Señor de la vida que nos ama tanto. Él no nos abandona, no nos deja solos, porque se ha unido definitivamente a nuestra tierra, y su amor siempre nos lleva a encontrar nuevos caminos. Alabado sea” (LS 245).

Dejemos que la Palabra se meta en nuestra historia, que nazca en nuestras conciencias, pues sabemos que, pese a todo, las tinieblas no vencen la luz de la Palabra (Jn 1,5).

CUARTO MISTERIO: LA PURIFICACIÓN

 

«Cuando, según la ley de Moisés, se cumplieron los días de la purificación, subieron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está prescrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» (Lc 2, 22-23).

“Como está prescrito en la Ley del Señor.”

En la antigüedad el pecado tenía que ver con la ruptura: ruptura de la relación entre el ser humano y Dios, entre la criatura y su Creador. Esa ruptura tiene consecuencias cósmicas: se pierde la armonía de las cosas. Eso es el pecado original, que el Génesis narra con la metáfora de la pérdida del paraíso: Dios puso al ser humano en el jardín para que lo cuide y lo labre (Gn 2,15), pero el ser humano desobedeció. Por eso para nosotros creyentes cristianos, el recuperar ese vínculo se entiende como Nueva Alianza o pacto, realizado por Jesucristo. Antes de Jesús, una manera que se tenía para limpiar los pecados era a través de la purificación, mediante uno ritos establecidos. La purificación por tanto limpiaba los pecados, o sea, te restablecía como “criatura a su Creador”. Consagrar, por tanto, te devuelve ritualmente a Aquél al que perteneces. Purificar y consagrar van de la mano. La consagración tiene que ver con vivir la armonía en la creación y con Dios.

La vida de Jesús es un ejemplo claro de consagración y purificación. El Papa Francisco nos lo recuerda así:

“Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). No aparecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida. Refiriéndose a sí mismo expresaba: «Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen que es un comilón y borracho» (Mt 11,19) … Llama la atención que la mayor parte de su vida fue consagrada a esa tarea, en una existencia sencilla que no despertaba admiración alguna: «¿No es este el carpintero, el hijo de María?» (Mc 6,3)” (LS 49).

No necesitamos hacer grandes cosas para consagrar nuestra vida en la salvación de la tierra. Necesitamos ser como Jesús, asumir su espiritualidad: vivir con simplicidad, trabajando, disfrutando con mesura de los bienes de la tierra y, sobre todo, reconociendo siempre que “menos es más” con convicción (LS 212), buscando restablecer las justas relaciones entre los seres humanos, la tierra y el Creador. De esto se trata la conversión ecológica que puede sanar (y salvar) la creación.

QUINTO MISTERIO: EL NIÑO PERDIDO Y HALLADO

 

«El niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres…Al cabo de tres días, lo encontraron en el templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles» (Lc 2, 43-46).

“… En medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles.”

Jesús se nos muestra tal como es: verdadero hombre (y verdadero Dios) que necesita aprender, para crecer, madurar, y dar mucho fruto. Se aprende escuchando y preguntando a otros. De nuevo una relación: el aprendizaje es una relación de intercambio de conocimientos, destrezas, técnicas, cultura, arte, fe, etcétera. Se requiere sencillez, reconocimiento de quienes somos con humildad (con los pies en la tierra), sin creernos sabelotodos pero tampoco pensando que no valemos nada. Jesús nos muestra el significado de eso de que “ humildad es andar en verdad”, como nos diría Santa Teresa de Jesús.

El Papa Francisco también nos muestra que necesitamos aprender de los otros para hacer mejor las cosas. El mejor ejemplo es el capítulo primero de la carta Laudato Si’: el Papa echa mano de las ciencias para poder comprender el daño que le estamos infringiendo a la hermana y madre tierra. No lo sabemos todo, y las herramientas de la ciencia pueden sernos útiles para acertar con un buen diagnóstico y poder actuar con certeza en las mejores decisiones. Negar el dato científico que nos revela el estado de las cosas, como por ejemplo, el Cambio Climático, es cerrar a la posibilidad de crecer, madurar y dar un buen fruto a tiempo.

También el Papa nos muestra que la ciencia tiene que dejarse enseñar y aprender de otras sabidurías que aportan sentido y orientación al mero conocimiento científico, si es que quiere servir al hombre integralmente:

“La fragmentación de los saberes cumple su función a la hora de lograr aplicaciones concretas, pero suele llevar a perder el sentido de la totalidad, de las relaciones que existen entre las cosas, del horizonte amplio, que se vuelve irrelevante. Esto mismo impide encontrar caminos adecuados para resolver los problemas más complejos del mundo actual, sobre todo del ambiente y de los pobres, que no se pueden abordar desde una sola mirada o desde un solo tipo de intereses. Una ciencia que pretenda ofrecer soluciones a los grandes asuntos, necesariamente debería sumar todo lo que ha generado el conocimiento en las demás áreas del saber, incluyendo la filosofía y la ética social… En la realidad concreta que nos interpela, aparecen diversos síntomas que muestran el error, como la degradación del ambiente, la angustia, la pérdida del sentido de la vida y de la convivencia” (LS 110).

Seamos, pues, como Jesús: capaces de escuchar para aprender; de preguntar para crecer; y creciendo, maduremos para dar buenos frutos a su tiempo (y a tiempo; que no se nos haga tarde).

MISTERIOS DOLOROSOS

por Sor Teresa de la Cruz, O.S.C.

PRIMER MISTERIO DE DOLOR: LA AGONÍA DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ

 

La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivien¬tes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22)” (LS 2).

Jesús carga todo nuestro pecado, nuestras heridas, sufre por nosotros amándonos hasta el extremo en Getsemaní hasta sudar sangre: abrazando nuestro dolor, nos salva y da la vida nueva en la que gozaremos de la plenitud con EL. María, Madre de la Iglesia, auxilio de los cristianos, que supo estar al lado de su Hijo en silencio, y aceptar su ofrenda, nos ayude a vivir en esta tierra, reconciliados con Dios                            y                        siendo                            hermanos         de                            todos.

SEGUNDO MISTERIO DE DOLOR: JESUS ES FLAGELADO

 

…Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura… Dios no sólo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación.” (LS 2.5)

Ante el Cuerpo maltratado de Jesús, el Mesías inocente, que se entrega por nuestro amor, queremos meditar cuánto le hemos costado, qué precio ha querido pagar en su carne, y qué valor no tendremos nosotros para Él… Consideremos pues que toda criatura es preciosa, toda vida un don, que no puede ser maltratado. Pidamos a María Madre y Reina de todo lo creado, que lo llevó en su seno virginal, nos ayude a ser defensores de la vida, de la dignidad humana, del respeto por toda criatura, pues es reflejo del Creador.

TERCER MISTERIO DE DOLOR: JESÚS ES CORONADO DE ESPINAS

 

..El ambiente natural está lleno de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. También el ambiente social tiene sus heridas. Pero todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites.” (LS 6)

Contemplando a Jesús coronado de espinas, dejándose ceñir la cabeza, cargado de humillación y de ignominia, nos reconocemos en tantos momentos en que hemos usado mal nuestra libertad, dañando con nuestras actitudes la creación, las relaciones, el entorno. Él se ha dejado humillar así, aun siendo verdaderamente Rey, para que mirándole, no olvidemos que tenemos un Padre, que

somos Criaturas suyas, no autorreferenciales, sino dependientes de este amor que nos ha creado para nuestro bien. Con la ayuda de María, auxilio de los cristianos, queremos aprender cada día de Su Mano, a usar mejor nuestra libertad para construir un mundo más humano, ecológico, donde podamos habitar en paz, contribuyendo a hacerlo entre todos, nuestra casa común donde de verdad podamos cantar como Ella: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…”

CUARTO MISTERIO DE DOLOR: JESÚS CARGA CON LA CRUZ CAMINO DEL CALVARIO

 

“El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar. El Creador no nos abandona, nunca hizo marcha atrás en su proyecto de amor, no se arrepiente de habernos creado. La humanidad aún posee la capacidad de colaborar para construir nuestra casa común.” (LS 13)

Jesús ante su muerte, carga con su propia cruz y con la nuestra. Lleva sobre sí todo lo que nosotros hemos descuidado, dejado por el camino, y con amor infinito, encara el Calvario, donde sabe que va a culminar su obra. En este camino, se dejará también ayudar por el cireneo, en él, estará su Madre, que le acompaña con la mirada y con paso firme, sufriendo con Él, pero fiel y firme. Jesús no nos abandona, lleva a cabo su obra. Y nos invita a caminar unidos, para poder prolongarla en nuestro hoy, para poder seguir construyendo una civilización donde el amor reine ante el odio, el perdón ante la ofensa, la paz y solidaridad ante la destrucción y egoísmo. María, Madre y Reina de la Creación, nos hermana para poder llevar a cabo con Ella y como Ella, este proyecto común de amor que su Hijo comenzó                 y                llevó                a                término                  sin                desfallecer.

QUINTO MISTERIO DE DOLOR: JESÚS MUERE EN LA CRUZ POR AMOR A NOSOTROS, PARA SALVARNOS

 

Estas situaciones provocan el gemido de la hermana tierra, que se une al gemido de los abandonados del mundo, con un clamor que nos reclama otro rumbo. Nunca hemos maltratado y lastimado nuestra casa común como en los últimos dos siglos. Pero estamos llamados a ser los instrumentos del Padre Dios para que nuestro planeta sea lo que él soñó al crearlo y respon¬da a su proyecto de paz, belleza y plenitud”. (LS

53)

¡Qué maravillosa certeza es que la vida de cada persona no se pierde en un desesperante caos, en un mundo regido por la pura casualidad o por ciclos que se repiten sin sentido!… Fuimos concebidos en el corazón de Dios, y por eso « cada uno de nosotros es el fruto de un pensamiento de Dios. Cada uno de    nosotros    es    querido,    cada    uno    es    amado,    cada    uno    es    necesario    »”.    (LS 65)

La muerte de Cristo en la Cruz, acto supremo de amor por nosotros, para salvarnos, tiene sentido. En Él y por Él, toda la creación renace a vida nueva, y nosotros junto con Él. Pidamos a María, auxilio de los cristianos, que estuvo firme al pie de la cruz, que fue fiel a su Hijo siempre, que nos ayude a

entender tanto amor y a corresponder con nuestra vida, al servicio de nuestros hermanos, y de nuestra madre tierra, por amor a Él.

MISTERIOS GLORIOSOS

por P. Lluc Torcal O. Cist.

 

EN EL PRIMER MISTERIO GLORIOSO CONTEMPLAMOS LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR

 

«Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado en el lado derecho, vestido con una túnica blanca, y se asustaron. Pero él les dice: «No os asustéis. Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí. Ved el lugar donde le pusieron»«. (Mc 16, 5-6)

Al principio Dios creó la luz la separó de la oscuridad. Pero la oscuridad fue ganando terreno hasta llegar a ese día, cuando llegó la hora del Señor, cuando, la oscuridad se extendió por toda la región hasta media tarde. Dios les había permitido la última victoria. Las tinieblas cegadas con su propia oscuridad, no se dieron cuenta que tragaban aquél que es la luz verdadera, el que ilumina a todos los que vienen al mundo, y así, engañadas, fueron ellas mismas entenebrecidas y engullidas. La oscuridad ya se ha desvanecido y, sin saber ni cuándo ni cómo, Cristo, volviendo de entre los muertos ha aparecido glorioso a los hombres, como el sol en día sereno. Nos ha sido dado el don de la luz nueva, de una luz mejor que aquella que Dios había creado al principio y que era buena de verdad: ¡la luz que hace las fiestas en el cielo, la luz que es Dios mismo, la luz de Cristo!

EN EL SEGUNDO MISTERIO GLORIOSO SE CONTEMPLA LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS CIELOS

 

«Jesús se acercó a ellos y les habló así: «Id, pues, y enseñad a todas las gentes, bautizándoles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo…» Después…alzando sus manos los bendijo. Y, mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo, en donde está sentado a la derecha del Padre«. (Mt 28, 18-19; Lc 24, 50-51)

Estamos a veces en el cielo, entre las nubes blancas y grandes, que cubren y esconden la tierra, el mar

y lo que estaba cerca. Esas nubes que, a pesar de esconder, dejan pasar sin obstaculizar, sin resistir, sutilmente, retirándose y ocupando el espacio que acaba de ofrecer a quienes lo penetran. Así es nuestro cielo, el azul con sus nubes blancas. Este era también el cielo que miraban los apóstoles y los primeros discípulos del Señor cuando oyeron esa voz angelical que los guiaba a dirigir su mirada hacia la tierra: hombres de Galilea, ¿por qué estáis mirando al cielo? (cf. LS 64)

EN EL TERCER MISTERIO GLORIOSOS SE CONTEMPLA LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO SOBRE LA VIRGEN MARÍA Y LOS APÓSTOLES

 

«Llegado el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar…Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que dividiéndose se posaron sobre cada uno de ellos; y quedaron todos llenos del Espíritu Santo«. (Hch 2, 1.3-4)

El día de Pentecostés es el día de la fiesta de los frutos. Pentecostés es la fiesta de la plenitud. Se acaba con ella el tiempo pascual que lo corona: celebramos el don del Espíritu Santo, del Espíritu prometido que nos llena y lleva a la plenitud la vida del Señor. Él que estaba lleno, porque es Dios, nos da el don de su plenitud, de su vida, de su amor. Y este don de plenitud es el Espíritu Santo, Señor y dador de vida. De la plenitud del Señor recibimos también nosotros el don de ser en plenitud y el don de vivir en plenitud. Como nos dice el libro de los Hechos: «Todos quedaron llenos del Espíritu». Don de ser y don de vida (cf. LS 80)

EN EL CUARTO MISTERIO GLORIOSOS SE CONTEMPLA LA ASUNCIÓN DE SANTA MARÍA AL CIELO

 

«La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, concluida su vida terrena fue ascendida en cuerpo y espíritu a la gloria celestial» (Definición dogmática de Pío XII)

María, la mujer que llevó en su interior a aquél que “se unió a esta tierra cuando se formó en su seno” (cf. LS 238), entra ahora, llevando esa misma tierra, en el misterio de Dios. “En su cuerpo glorificado, junto con Cristo resucitado, parte de la creación alcanzó toda la plenitud de su hermosura” (LS 241). Cuidó de su Hijo, Jesús, guardando en su corazón toda su vida: “ahora cuida con afecto y dolor materno este mundo herido. (…) Ahora se compadece del sufrimiento de los pobres crucificados y de las criaturas de este mundo arrasadas por el poder humano.” (LS 241)

EN EL QUINTO MISTERIO GLORIOSO SE CONTEMPLA LA CORONACIÓN DE SANTA MARÍA

«Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza«. (Ap 12, 1)

María “vive con Jesús completamente transfigurada, y todas las criaturas cantan su belleza. Es la Mujer

«vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1). Elevada al cielo, es Madre y Reina de todo lo creado” (LS 241) El sol, la luna y las estrellas aparecen junto a María como signos de la creación nueva de la que María ya participa plenamente. Nosotros no somos todavía parte de esa creación nueva, pero sí de la primera, por lo que no podemos olvidarnos de cuidar de ella: “Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (LS 2).

MISTERIOS LUMINOSOS

 

EN EL PRIMER MISTERIO LUMINOSOS SE CONTEMPLA EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL JORDÁN

 

«Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia Él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi preferido»». (Mc 1, 9-11)

Sin agua no hay vida: la belleza de nuestro planeta no sería tan imponente sin este don maravilloso; sin agua tampoco hay regeneración: el hombre no podría llegar a resplandecer con la belleza de Cristo, si mediante el agua del bautismo, no fuera introducido en el mismo corazón de la vida trinitaria. ¡Pocos serán los esfuerzos que haremos para mantener viva el agua; para que pueda llegar a todos; para que pueda continuar regando nuestros campos y nuestros bosques, para que fluya pura ríos abajo! Y es que, sin agua viva, no podrá haber el agua viva del Espíritu en nuestro corazón.

EN EL SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO SE CONTEMPLA LA AUTORREVELACIÓN DE JESÚS EN LAS BODAS DE CANÁ

 

«Faltó el vino, y la madre de Jesús le dijo: «No les queda vino». Jesús le contestó: «Mujer, ¿qué nos va a mí y a ti? Aún no ha llegado mi hora». Su Madre dijo a los sirvientes: «Haced lo que Él diga». Así, en Caná de Galilea, Jesús comenzó sus signos, manifestó su gloria, y creció la fe de sus discípulos en Él». (Jn 2, 3-5.11)

El agua que se transforma en vino es símbolo del trabajo conjunto de Dios y el hombre. El vino es el destilado del agua, de la tierra, de la uva… de los productos naturales que Dios nos da y del ingenio del hombre, también don de Dios, que recrea lo creado y lo pone al servicio de los hombres cuando hace lo que Él nos dice. Inteligencia y voluntad para trabajar en el mundo y para el mundo, inteligencia y voluntad para hacer la voluntad de Dios. Y para que no falte el vino Dios nos pide que cuidemos de la casa común.

EN EL TERCER MISTERIO LUMINOSOS SE CONTEMPLA EL ANUNCIO DEL REINO DE DIOS INVITANDO A LA CONVERSIÓN

 

«Después que Juan fue encarcelado, Jesús se dirigió a Galilea, a predicar la buena noticia del Reino de Dios. Decía: «El tiempo ha llegado y el reino de Dios ya está cerca. Convertíos y creed en el Evangelio»«. (Mc 1,14-15)

El reino de Dios es reino de justicia y de verdad. En el reino de Dios “se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior” (LS 10). El tiempo ha llegado para restablecer aquellas relaciones originarias entre el hombre y Dios, el hombre y la mujer, el hombre y la naturaleza, que el pecado destruyó dejando sembrada en la tierra la injusticia y la codicia que han explotado desde entonces el planeta y sus habitantes. La llamada a una profunda conversión ecológica es parte integrante del reino de Dios (cf. LS 217).

EN EL CUARTO MISTERIO LUMINOSO SE CONTEMPLA LA TRANSFIGURACIÓN

 

«Y sucedió que, mientras Jesús estaba orando, cambió el aspecto de su rostro, y su ropa se volvió de una blancura resplandeciente…De la nube salió una voz, que dijo: «Éste es mi Hijo amado, mi elegido.

Escuchadle a Él»«. (Lc 9, 29.35)

Evangelio de la manifestación de la luz de la vida y de la inmortalidad que brilló en medio de nosotros como luz material, de este mundo, en forma de estallido que hizo resplandecer como el sol el rostro del Señor y que se produce al inicio de la subida del Señor a Jerusalén, donde se dirige para morir en la cruz. Luz material, blanca y cristalina, que nos invita a no olvidar que nuestro camino de conversión, de purificación del egoísmo hay que hacerlo bajo la luz nueva de la resurrección y que sólo iluminados por esta luz que se nos da como camino, porque es la verdad y la vida, podemos ser transfigurados y cambiar nuestro rostro por el del Cristo (cf. LS 217)

EN EL QUINTO MISTERIO LUMINOSOS SE CONTEMPLA LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA.

«Durante la cena, Jesús tomó pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio a sus discípulos, diciendo. «Tomad y comed, esto es mi cuerpo». Tomó luego en sus manos una copa, dio gracias a Dios y lo pasó a sus discípulos, diciendo: «Bebed todos de ella, porque esto es mi sangre»«. (Mt 26, 26-27)

Cristo se hace presente en el pan y en el vino. No ha elegido productos superfluos de la alimentación humana, sino aquellos que constituyen su núcleo básico. Comulgando de este Cuerpo y de esta Sangre, ¿cómo podemos permitir que falten a nuestros hermanos esos productos esenciales de la alimentación humana? ¿Por qué los cereales más básicos para vivir están a precios tan altos que los hacen privativos para la mayor parte de los habitantes de este planeta? La caridad de Dios nos empuja a trabajar para que la justicia y la paz reinen en la tierra; especialmente para que no falte entre los más necesitados lo que por derecho les corresponde: el pan que renueva sus fuerzas.

ORACIONES

 

Señal de la Cruz

Por la señal de la santa cruz + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios nuestro +. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo +. Amén.

acto de contrición.

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

Ave María

 

Dios te salve María llena eres de gracia el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la ahora de nuestra muerte. Amén

Gloria

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

María, Madre de Gracia

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte ampáranos Madre Nuestra.

Oh, Jesús mío

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno, lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu Divina Misericordia.

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra.

Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,

a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,

vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,

y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,

para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén

Credo

 

“Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, Nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre Todopoderoso, y desde allí va a venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén”.

Contribuyentes

 

Sor Teresa de la Cruz, O.S.C

Clarisa, nacida en Barcelona, entró a 24 años en un Monasterio de la provincia de Barcelona, tras ser misionera consagrada laica en Chile, México y Brasil. Actualmente vive en el Monasterio de Santa Chiara de Roma, donde ha venido para ayudar a renovar esta comunidad internacional claustral en el corazón de la Iglesia, desempeñando su servicio comunitario como hermana externa: en todos los asuntos fuera de la clausura, en la acogida de huéspedes y en la asistencia médica de las hermanas.

P. Lluc Torcal, O. Cist.

Nacido en Sant Cugat del Vallès, licenciado en Ciencias Físicas por la Universitat Autònoma de Barcelona, Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y bachiller en Teología por la Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, ingresó al Monasterio de Poblet en 1995 del cual fue Prior hasta 2015, cuando fue elegido Procurador General de la Orden Cisterciense, por lo cual reside en Roma.

Fray Eduardo Agosta, O. Cam.

Sacerdote carmelita nacido en Mendoza, Argentina, fue director de formación de su provincia religiosa y ejerció de prior de convento en Lomas de Zamora, Argentina. Recientemente, se ha incorporado a la comunidad de formación del Noviciado Internacional de Salamanca, España. Licenciado en Física y Doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos por la Universidad Nacional de Buenos Aires, investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina, profesor de la Pontificia Universidad Católica de Argentina. Pertenece a la Comisión Internacional de Justicia y Paz de la Orden del Carmen y es Asesor en Ecología Integral del Departamento de Justicia y Solidaridad del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), es miembro del Equipo Coordinador de la ONG Carmelita Internacional en Nueva York, y es su representante ante la Convención Marco de Cambio Climático de las Naciones Unidas. Ha colaborado con la Conferencia Episcopal Argentina en temas de pastoral ambiental, y sus aportes han contribuido a la encíclica sobre el cuidado de la creación, Laudato Si’ del Papa Francisco.